Los espías "espiados"

José García Domínguez

Salta el gran escándalo en Barcelona. Un grupo de ciudadanos que llevaba más de un lustro preparando tranquilamente todos los extremos técnicos de la ejecución de una asonada insurreccional al objeto de derogar por las bravas el orden jurídico sobre el que se asienta la democracia española, violación de la legalidad que luego consumaron durante el mes de octubre del año 2017, acaba de denunciar, siempre entre exaltados aspavientos y muestras de gran indignación moral, que suponen haber sido espiados en el transcurso de sus labores subversivas por las autoridades competentes. Suponen, sí, pues los imprecisos espiables no han aportado todavía prueba alguna del imaginado escrutinio de sus teléfonos móviles, eventualmente llevado a cabo por ignotos terceros.

Es sabido, por lo demás, que cuando los delincuentes profesionales emprenden la huida tras cometer alguna fechoría suelen gritar "¡al ladrón!", siempre con el propósito de sembrar el desconcierto y la confusión entre las personas decentes que se crucen en su camino. Y con todos esos alborotados "espiados" ocurre algo muy parecido. ¿O acaso la gimoteante colla de los que ahora se dicen indagados no es la misma a la que pertenece Santiago Vidal, el juez separatista y bocazas que confesó en un mitin de la Esquerra que la Generalitat había obtenido de modo ilegal todos los datos fiscales de los catalanes? Claro que es la misma; igual que es la misma que también robó los datos censales de todos los catalanes para hacer posible el referéndum ilegal.

Como asimismo se trata de la misma que ordenó a los Mozos espiar, de modo bien real y no presunto, a periodistas, políticos, abogados y organizaciones locales desafectas al insurreccionalismo de la Generalitat. Pero lo mejor de todo es que nuestros conmocionados espiaditos y espiaditas estaban encantados de haber sido ellos los paradores de la gran idea de espiar a los niños y a las niñas en los patios de los colegios para detectar si allí se comunican en el idioma prohibido dentro de las aulas. Y ahora, ¡ay!, nos vienen lloriqueando porque fantasean con que les han dado a probar su propia medicina. En catalán se dice: Que els moqui la iaia.

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