Lo que callan los candidatos

José García Domínguez

En la tertulia (llamarlo debate constituiría una falta de respeto al Diccionario) entre los candidatos, ninguno dedicó siquiera un segundo a hablar de la política monetaria del BCE. Olvido que no tendría mayor importancia si no fuera por el pequeño detalle de que eso, la política monetaria del BCE, va a condicionar que todo cuanto prometieron ante las cámaras, absolutamente todo, resulte susceptible de poder llevarse a cabo o no. De ahí lo muy imperdonable de que a estas alturas del fin de la soberanía nacional nuestras elites políticas, e igual a diestra que a siniestra, continúen imbuidas de ese catetismo tan castizo. Y es que Pedro, Pablo, Albert y don Mariano pueden prometer la luna de Valencia a sus respectivas parroquias, pero si Draghi sube un punto, únicamente un miserable punto, los tipos de interés, sus particulares cuentos de la lechera se vendrán abajo como un castillo de naipes. Aunque ninguno de los cuatro pretendientes da señales de haber acusado recibo del asunto, ocurre que el Reino de España, ese mismo que pretenden dirigir dentro de un mes, se financia ahora mismo a un tipo de interés medio del 3% (el 2,99%, para ser precisos). Poca cosa si no fuera por otro pequeño detalle, a saber, que estamos endeudados por un volumen equivalente al 100% del PIB. Dicho de otro modo, debemos un monto igual al precio de todo lo que se produce en España durante 365 días seguidos.

Así las cosas, aumentar esa tasa un punto, un miserable punto, implicaría que, solo en concepto de intereses, la cantidad anual a reembolsar a nuestros acreedores aumentaría en 10.000 millones de euros. Y, tal como está el patio, un quebranto súbito de 10.000 millones de euros en el Presupuesto podría acabar en una variante corregida y aumentada del motín de Esquilache. Los cuatro pretendientes han aprendido, la otra noche lo demostraron, esa vieja técnica truculenta con la que algunos periodistas tratan de impresionar a las audiencias incautas: enumerar a toda prisa interminables ristras de cifras económicas y datos inconexos, guarismos y más guarismos sin ninguna relación entre sí, regurgitados al azar, sin ton ni son. El invariable resultado, como no podría resultar de otro modo, es siempre la empanada mental. Y sin embargo, la gran partida que se está jugando en este instante en Europa resulta susceptible de ser expuesta en términos sencillos. Es algo tan simple como que los tipos de interés próximos a cero perjudican, y mucho, a los ahorradores alemanes.Y los ahorradores alemanes, que son muchos y viejos, acabarán castigando a Merkel en las urnas si no decide hacer algo al respecto. Y hacerlo ya.

Añádase que si los camareros no pueden vivir únicamente de las propinas, los bancos tampoco. Pretender que el sistema financiero, esa inmensa y costosísima máquina, va a mantenerse en pie solo a base de cobrar comisiones a sus clientes es no querer ver la realidad. Con estos tipos de interés liliputienses, la banca está abocada a la quiebra a medio plazo. Es imposible levantar la cuenta de resultados de una entidad financiera cuando el dinero no vale nada, por entero imposible. Por todo eso, la presión sobre el BCE de Alemania para que suba los tipos va a hacerse cada vez más intensa; tan intensa que resulta difícil imaginar que este entorno de intereses minúsculos se pueda alargar por mucho más tiempo. Más pronto que tarde, Draghi se verá obligado a ceder. Y cuando eso ocurra, los cuatro cántaros de nuestras cuatro animosas lecheras se romperán en el acto y al estruendoso modo. Bien, pues ni una palabra al respecto en la tertulia. Ni una.

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