Carod

Las embajaditas

José García Domínguez

Al canónico modo de todos los paletos que en el mundo han sido, barrunta Carod que cuando se viaja por ahí fuera hay que calzarse el traje de los domingos, mercar el Audi más grande que haiga y tirar de Visa Oro a calzón quitado por aquello del qué dirán, no vaya a ser que esos estirados de las capitales lo tomen por un provinciano. Pues, como buen provinciano, si en verdad algo atormenta a Carod es el pavor a ser reconocido por lo que al ontológico modo encarna. De ahí que se revuelva iracundo siempre que se le aconseja procurar alguna mínima economía en la intendencia de su apretada agenda planetaria.

Ese obstinado empeño tan suyo por apuntalar lo que un keynesiano llamaría la demanda agregada cabría interpretarlo como otra variante del muy celtíbero y castizo "que me quiten lo bailao". Y algo de eso ha de haber, sin duda. No obstante, el sesgo del Talleyrand de Cambrils hacia la prodigalidad sin límites resulta alegría compartida por el resto de la tropa catalanista. Razón última de que juntos y revueltos acaben de anunciar la gestación de un inminente cuerpo diplomático doméstico, otra nutrida corte funcionarial llamada a entretener largos años de ocio en innúmeras legaciones esparcidas a lo largo de los cinco continentes.

Plácidas residencias de reposo similares ésas que a punto están de inaugurar en México, China y Marruecos. Así, el objeto confeso de un titulado "Plan de Acción Exterior" reside en alumbrar la "masa crítica" de diletantes autonómicos prestos a pasear por el universo habitado con el dolce far niente como única divisa vital. Ilustres haraganes a los que Montilla incluso ansía dotar de inmunidad "conforme a la Convención de Viena", quién sabe si ante la eventualidad de que algún día proceda expatriar un fuet de Vic por valija diplomática.

Emisarios, en fin, de calibre parejo al de un tal Andrew no sé qué, cierto sujeto de oficio ignoto que ha sido designado primer embajador plenipotenciario de la Generalidad ante las ardillas de Central Park, en Nueva York. Trascendental responsabilidad por cuyo recto desempeño el mentado Andrew viene a levantar unos 83.000 euros limpios al año, tanto dietas como gastos de representación al margen. Y todo exento de IVA. Naturalmente.

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