Segregación y bilingüismo

La última trinchera

José García Domínguez

En la cuestión de la lengua, es decir en el problema catalán, los más inteligentes entre los nacionalistas ya han empezado a comprender que, sin prisas pero sin pausas, están perdiendo la batalla. Quién los ha visto y quién los ve. Casi resulta enternecedor contemplarlos, ahora medrosos, prudentísimos, irreconocibles, siempre a la defensiva, cuando los cuatro gatos que no dejan de tocar els pebrots apelan al enésimo argumento en favor de la realidad, o sea, del bilingüismo. Por algo, ante el inopinado rapto de lucidez que le ha entrado al PPC de Sirera con el asunto, los catalanistas todos, desde los de Iznájar hasta los de verdad, andan literalmente de los nervios.

De ahí que hayan terminado apiñados en su particular Álamo retórico; esa muy precaria trinchera argumental que aspira a salvar los restos del naufragio ideológico con el espantajo de que el bilingüismo "segregaría" a los escolares. Pues, como es sabido, la condición sine qua non para ser un buen nacionalista reside en postular que los bípedos nacemos con una triste limitación genética que hace metafísicamente imposible caminar y mascar chicle al mismo tiempo. Razón última de que los nacional-pedagogos de Rosa Sensat prediquen que con tal de que un púber aprenda a escribir "adiós" al tiempo que "adéu", no cabe otra opción que la de "segregar".

Y mira tú qué dramón. Porque eso de la segregación suena fatal, así como a asientos especiales para negros en los autobuses de Alabama y cosas aún más terribles. Qué miedo, podría venir el segregador del saco que segregara a los pobrecitos segregables. En fin, lástima que la propia madre putativa de la inmersión, Marta Mata, olvidase segregar de la crónica sentimental de su juventud este recuerdo de cómo eran los colegios catalanes en los muy añorados tiempos de la República:

Mi vivencia es la de un aprendizaje en las dos lenguas sin ninguna clase de conflicto. El maestro se dirigía al niño en la lengua familiar del alumno, y en cuanto a la lectura y la escritura había escuelas que hacían una semana en catalán y una en castellano, también había otras que lo hacían día sí y día no, en algunas se enseñaba por la mañana en una lengua y por la tarde en la otra. Recuerdo que tuvimos una muy buena educación literaria en catalán: acompañábamos todos los estudios de ciencias con los textos poéticos correspondientes, que sacábamos de la antología literaria de Artur Martorell. Angeleta Ferrer, profesora de Ciencias Naturales, para explicarnos el almendro y el paso de las estaciones nos hacía leer el dietario de Maragall (…) Debo decir que al mismo tiempo había unos poetas castellanos extraordinariamente valorados en la escuela: Juan Ramón Jiménez, Alejandro Gascón, García Lorca, Machado…

Memoria histórica dicen que se llama la figura.


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