"La peña no quié aprendé"

José García Domínguez

–¡Pero profe, si la peña no quié aprendé!

La sentencia, según su destinatario, Antoni Dalmases, la más sensacional, clara y sinceramente demoledora cogitación que se había escuchado en aquel recinto durante los últimos veinte años, surgió de los labios de cierto David, contumaz repetidor de tercero de ESO e inquilino habitual de la sala de expulsados de un instituto de Sabadell. De ahí que el profesor Dalmases, toda una vida de dedicación a la enseñanza pública, haya decidido inmortalizarla en Caos a les aules, su reciente libro-esquela sobre los estragos acaso ya irreparables de la Logse entre la peña. Precisa radiografía y diagnóstico clínico de esa carne de cañón, la que no quié aprendé y permanece estabulada obligatoriamente en las aulas hasta los dieciséis años, que hoy ejerce –como el resto de los días del año, por cierto– su inalienable derecho a la huelga indefinida.

Momento procesal, el que coincide con las bullangas escolares, en que sesudos expertos y arbitristas de todo pelaje y condición dan en buscar la piedra filosofal del éxito pedagógico. Sin embargo, no hay misterio alguno oculto tras esos indicadores tercermundistas, como los que acaba de ventilar la Unesco a propósito de nuestro sistema presuntamente educativo. En los colegios e institutos españoles se seguirá sin aprender nada mientras no se desaloje de los pupitres a la peña que no quié aprender. Así de simple. Una obviedad de Perogrullo que, por cierto, nada tiene que ver con la tan manida cantinela de los recursos financieros. Nada en absoluto.

Sépase que Estados Unidos invierte en cada estudiante mucho más que cualquier otro país desarrollado. No obstante, cuando se difunden informes internacionales a propósito de los conocimientos de los educandos, la nación entera debe mirar al suelo, avergonzada. Al respecto, es fama que los neofranquistas nórdicos y asiáticos – Finlandia, Singapur, Corea del Sur, Japón, Hong Kong– acaparan por norma los primeros puestos. Y dar con la explicación a tan abrumadora hegemonía facciosa igual se antoja sencillo. No hay tampoco inextricables arcanos. Sucede que un adolescente japonés carga con cinco veces más tareas escolares por semana que un español, dispone de sesenta días más de clase al año y debe superar exámenes que en verdad merecen ese nombre. Y el que no quié... a otra cosa.

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