La paja en el ojo de Carmona

José García Domínguez

El difunto Josep Fontana, quien fuera en su día el historiador oficial del también difunto PSUC, publicó, allá por el año 14, un artículo en la prensa barcelonesa que anda circulando mucho en las últimas horas. En él rememoraba a su buen amigo Ernest Lluch para certificar el clamoroso contraste entre la calidad moral de algunos viejos socialistas procedentes de la clandestinidad con el urgente, muy perentorio afán por hacer caja de muchos de los llegarían más tarde, cuando ya el general había traspasado y el único riesgo que implicaba la militancia en la izquierda era el de poder atragantarse con un canapé en alguna recepción protocolaria.

Así, escribe Fontana: "Tuve un amigo, Ernest Lluch, que cuando acabó su gestión en el Ministerio de Sanidad recibió propuestas para integrarse en consejos de administración de empresas farmacéuticas. Ernest los rechazó, volvió a su trabajo de la universidad y prefirió vivir modestamente". Otros hombres, otros tiempos. El fichaje por una eléctrica del ardoroso tertuliano Carmona, un pícaro de esos que tanto han abundado siempre en la eterna corte de los milagros madrileña, ha irritado al PSOE, su teórico partido, al punto de que ciertas voces incluso reclaman su expulsión. Un súbito escándalo puritano sobrevenido que, sin embargo, no se acaba de entender.

A fin de cuentas, el pillo de Carmona posee un doctorado en Ciencias Económicas, mínima credencial académica exigible para acceder al órgano de gobierno de una cotizada que ni el bachiller Montilla ni tampoco el también bachiller Blanco, ambos flamantes consejeros de Enagás, están en condiciones de exhibir. Y otro tanto cabe decir de los socios minoritarios del Gobierno. ¿Por qué para Podemos constituye una horrible deshonestidad que el vivo de Carmona, al cabo un simple exconcejal de medio pelo, se haya colado en el consejo de Iberdrola y, al tiempo, guarda un estruendoso y obsceno silencio ante esos mullidos sillones del Ibex tan bien remunerados, los que ahora mismo calientan dos antiguos ministros de nada menos que Industria y Fomento? ¿O acaso el único pecado ético y estético achacable a la jugada del pájaro Carmona tiene que ver con el muy preciso instante político en el que se ha producido su salto a la gloria financiera?

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