La Operación Castell

José García Domínguez

Denís Serguéyev es el nombre de un alto mando militar de los servicios secretos de la Federación Rusa especializado en operaciones encubiertas de desestabilización en el extranjero. Así, en el muy amplio historial de la unidad que dirige Serguéyev figura, entre otros hitos, la organización de un golpe de Estado en Montenegro con el propósito de desplazar del poder a los partidarios de que ese pequeño país balcánico se integrase en la OTAN. Por lo demás, se trata del mismo Denis Serguéyev cuya presencia fue detectada en Barcelona solo 48 horas antes de que se celebrara el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. Pero Serguéyev no fue el único ruso vinculado a los círculos del Kremlin más próximos a Putin cuya sombra se proyectó en Barcelona durante aquel animado otoño del 17.

Serguéi Márkov, diputado en la Duma por Rusia Unida, el partido de Putin, y estrecho colaborador de Vladislav Súrkov, el hombre de Moscú encargado de las relaciones con los territorios secesionistas de las antiguas repúblicas soviéticas –los golpistas que patrocina la propia Rusia–, mantuvo varias reuniones durante aquella misma semana con un enviado personal de Puigdemont, Víctor Terredellas, tal como descubrió el periodista Marc Marginedas, de El Periódico de Catalunya. Por las mismas fechas, Xavier Vendrell, antiguo terrorista de Terra Lliure y ahora alto dirigente de Esquerra, fue grabado cuando exponía a un interlocutor desconocido a través de su teléfono móvil que "se necesitan cien muertos".

Era cuando en algunos despachos de la Plaza de San Jaime se hablaba de la operación Castell, un plan para arriar la bandera de España en el Palacio de la Generalitat durante la tarde del 27 de octubre, efectuar luego un llamamiento para que las bases independentistas rodeasen el edificio e iniciar acto seguido un proceso insurreccional en el que se esperaba contar con armas largas de origen exterior y la presencia de mercenarios extranjeros dispuestos a enfrentarse con las fuerzas de la Guardia Civil enviadas por el Ministerio del Interior. Mercenarios rusos, por más señas. Serguéyev no se dejó caer en Barcelona durante todo aquello por casualidad. Y tampoco por casualidad fue recibido por Puigdemont en su despacho oficial de la misma Plaza de San Jaime apenas doce horas antes de que se pusiera en marcha el golpe de Estado. Aunque lo más escandaloso e intolerable, huelga decir, es que al CNI se le ocurriera intervenir los teléfonos de todos esos caballeros del Gobierno de la Generalitat. Inadmisible, sin duda.

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