Congreso del PSC

La opa

José García Domínguez

Con el Tripartito consolidado y convertido en la opción estratégica de la izquierda nacionalista –la única realmente existente, por lo demás – , y la sucursal local del Partido Popular transformada de nuevo en el apéndice menor de CiU que ya fuera en tiempos de Piqué, el PSC se apresta a lograr su objetivo político más ambicioso: invadir el espacio político del pujolismo. Se trata de ocupar aquella famosa centralidad transversal que garantizó a los nietos de Cambó la hegemonía indiscutible y un poder omnímodo dentro del Oasis durante los veintitrés interminables años de su hégira. Así, como quien no quiere la cosa, a lo tonto, Montilla acaba de presentar una auténtica opa contra los restos del naufragio del catalanismo conservador, tal como el domingo reconocía un conspicuo convergente en La Vanguardia.

Operación de gran calado doméstico que, además, emprende con la tranquilidad de saber que la jugada le saldrá gratis total: Los votos que en ese reposicionamiento pudiera perder por la izquierda se quedarán en el zurrón de sus dos pequeños satélites, ya huyan los sufragios disidentes hacia los neocomunistas de Saura o recalen en los brazos de la Esquerra. Y en cuanto al flanco opuesto, el de la derecha españolista, simplemente, ese riesgo potencial ha desaparecido del escenario tras el burdo aterrizaje de Camacho en Barcelona.

Cubierta la retaguardia, en su expedición de conquista hacía el territorio político, moral y estético del partido de los tenderos, el PSC tiene muchísimo que ganar y nada que perder. Por lo demás, sólo en esa clave parricida cabe entender las inopinadas conclusiones de su congreso: Mucho informe sobre infraestructuras; mucho canto a la obra pública; nucleares, sí, gracias; laicidad, ni mentarla; orgullo gay, el justito; eutanasia, ni en broma; et caetera. Vaya, que le dicen al observador inadvertido que se trata de un discurso de David Cameron ante el grupo parlamentario de los tories, y cuela.

Se comprende, pues, que el nerviosismo de los "xenófobos de mierda" –Joan Ferran dixit– ante semejante operación de acoso y derribo los haya empujado a violar la más importante de las leyes no escritas de Matrix. Y es que el estricto canon preventivo de la corrección política catalana prohíbe afear los destrozos gramáticos, fonéticos y sintácticos que la charnegada agradecida comete a diario contra la lengua de San Pompeu Fabra; no fuera a ser que los provocadores a sueldo de Madrid aprovecharan el patético asunto con tal de romper nuestra idílica "cohesión social". Que, no obstante, Convergencia se haya atrevido a abrir esa peligrosísima –para ellos – Caja de Pandora sólo indica una evidencia: el asunto de la opa va en serio.  

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