CGPJ

La ley del silencio

José García Domínguez
Hasta ahora, sólo nos habían revelado el contenido del nuevo artículo segundo de la Constitución. Ése que es de dominio público: “Nación no hay más que una, Cataluña, y a ti te encontré en la calle”. Pero, gracias a una filtración del Consejo General del Poder Judicial, desde ayer conocemos también la redacción definitiva del primero. Resulta que va a quedar como sigue: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valor superior de su ordenamiento jurídico la prohibición absoluta de criticar a los señores magistrados Guevara, Ollero y Pedraz, así como a sus respectivos peluqueros y auxiliares de manicura”.
 
De tal guisa, al pueblo soberano cabra ejercer la legítima cuando fuere menester poner a caer de un burro al Papa de Roma, al Rey de España, al alcalde de Móstoles o a la amante secreta de Jesulín. Pero mucho ojito con tocarle un pelo al tupé al magistrado Pedraz o a sus pares Ollero y Guevara: constituiría una afrenta gravísima contra el Estado de Derecho. Y es que ya nos lo advirtió el sabio Florida: ninguna polis va a tener futuro sin varias cadenas de supermercados repletos de bates de hierro, cócteles molotov, lanzacohetes caseros, bombonas de camping con detonador incorporado, y pasamontañas de diseño. Eso, además de una tienda tax free de esparadrapos en cada esquina, por si algún viandante lenguaraz se cruzara, solos o en compañía de otros, con Pedraz, Ollero o Guevara.
 
Si al siglo XIX, tras varios milenios de tradición griega y judeocristiana, correspondió la entronización universal de la filosofía de la responsabilidad individual, el XXI contemplará un espectáculo moral muy superior: la expatriación al Limbo de los Justos de las personalidades de los señores Guevara, Pedraz y Ollero. Con anterioridad hubo quien, mucho más humilde, se proclamó responsable únicamente ante Dios y la Historia. Mas nunca los anales recogieron precedente aproximado al de esos tres poseídos. Porque resulta que los actos de los señores magistrados son independientes de sus propias personas, y hasta pudiera que de sus pensamientos. Nos lo acaba de desvelar el Consejo: los apellidos Pedraz, Ollero y Guevara designan a tres autómatas cedidos por el museo de la Ciencia de París. Y sería un misterioso médium quien se interpusiera entre el papel timbrado y sus plumas cuando procediera firmar las sentencias que se les atribuyen.
 
Aunque, en realidad, todo el alboroto en torno a la orden del Consejo procede de un simple malentendido. Hasta ayer, aún estábamos acostumbrados al viejo Estado de Derecho. Y nos cuesta comprender que lo que traen éstos es algo ligeramente distinto: el Estado derecho. Bueno, más que derecho, firme… Firme, espalda recta, pecho fuera, piernas alineadas, ese mentón más arriba, calladito todo el mundo y mano a la visera, que nos van a pasar revista Pedraz, Guevara y Ollero.
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