Bono en el Parlamento

La Ley de la Relatividad Moral

José García Domínguez
Hasta ayer, la primera víctima de todas las guerras solía ser la verdad. Pero desde hoy, será la sintaxis. Y es que España no se merece un ministro de Defensa que desprecie la Gramática de Nebrija, mas eso eg lo que hay, y con estos bueyes tendremos que arar. De todos modos, no va a ser ése el único cambio en los efectos bélicos que aporte la comparecencia de Bono ante la Comisión de Defensa. Porque, a la luz de su contenido, queda claro que el segundo puesto entre los damnificados pasara a ocuparlo el sentido común. Aunque seguido muy de cerca por los herederos de Gila, sobre los que pesará el lucro cesante de verse desposeídos de los derechos de autor sobre la pieza que ayer recitó el manchego.
 
De hecho, el razonamiento que nos regaló supuso el esfuerzo más exhaustivo por demoler los fundamentos de la lógica académica que jamás se hubiera abordado desde el Parlamento. Y como tal debiera ser reconocido y estudiado a partir de ahora en las facultades de Filosofía. Eso, a pesar del único punto débil que presentó su brillante refutación de los clásicos. Porque cómo entender que las rachas de viento huracanado a nivel de suelo que pudieron con dos helicópteros de guerra no tumbasen a aquellos tipos de las chilabas que, según confesó, merodeaban por allí en una moto.
 
Por lo demás, el resto de sus enunciados se revelan impecables; todos son coherentes con el nuevo paradigma epistemológico que persigue implantar Bono. Empezando por la premisa de que quienes se desplacen en un móvil que viaje a una distancia de 0,1 segundos de otro, errarán cuando crean ver que éste ha sufrido el impacto de un tercero; un hallazgo que hubiera turbado al mismísimo Einstein. Siguiendo por el gran homenaje boniano a Groucho Marx, cuando apeló a que el Rey utiliza un Cougar en sus paseos de Madrid a Marivent al defender la procedencia de usarlo en escenarios bélicos. Continuando con la audaz innovación conceptual de las filminas: tenían “vocación explicativa, pero no científica”. Pasando por su crítica de la razón pura zapateril durante el 11-M, al descartar de plano la reivindicación de los terroristas islámicos, ya que poseen “egcasa credibilidad entre sus compinches”. Y terminando por el broche de oro, su enmienda a la totalidad a las obras completas de Aristóteles, Descartes, Russell y Popper juntas.
 
Porque los aparatos iban a rebosar de municiones, repletos de soldados, equipados con cohetes, dotados con sistemas electrónicos antimisiles, con todas las ametralladoras montadas y volando en formación típica de combate. ¿La razón? Se movían por una zona tranquila y su cometido consistía en auxiliar a las ONG locales. Así lo asegura Bono. Porque así lo demuestra la Ley de la Relatividad Moral que descubrió hace dos años su jefe, ZP.
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