La lengua de Cataluña es el español

José García Domínguez

Una aproximación desapasionada a la intrahistoria sociolingüística de Cataluña, empresa que requiere tomar cierta distancia no sólo emocional sino incluso física, lleva a certificar la evidencia palmaria de que la lengua propia de Cataluña y de los catalanes, valga el pleonasmo, es, qué le vamos a hacer, el castellano. Y lo es por la muy prosaica razón de que en castellano nos comunicamos durante la mayor parte del tiempo la mayor parte de los habitantes de la demarcación, algo que acontece desde más o menos los inicios de la segunda mitad del siglo XX. Si bien es cierto que en la Cataluña contemporánea igual existen otras muchas lenguas de uso minoritario o local; la más importante de todas ellas, sin duda, el catalán.

No se trata por lo demás de una opinión, la mía personal y cargada de juicios de valor, sino de una descripción objetiva, la avalada por todas las catas demoscópicas promovidas por las distintas Administraciones presentes en el territorio. Eso es, pues, lo que que hay. Desde el punto de vista geográfico, la lengua propia, es decir mayoritaria, de los catalanes se concentra de modo hegemónico en la región metropolitana de Barcelona y en la franja costera que posee como epicentro el municipio de Tarragona. Observada la cuestión desde otro ángulo, el de las clases sociales, se constata que tanto entre los de muy arriba, la alta burguesía autóctona o trasplantada, como entre los de muy abajo, los estratos más humildes y postergados de las capas populares (una categoría esta última en la que procede incluir al grueso de la inmigración extranjera que comenzó a llegar en aluvión hace ya un par de décadas), el castellano sigue siendo clarísimamente dominante pese a los esfuerzos denodados de la Generalitat por tratar de invertir ese estado de cosas fonético.

Y entre la clase media aspiracional, el estrato políticamente dominante en Cataluña desde siempre, también el castellano va camino ya de hacerse mayoritario, al menos en el ámbito privado. No obstante lo cual casi todos toleran el predominio del catalán en la enseñanza porque su dominio ofrece la llave mágica que abre la vía para acceder a la función pública, amén de sus mil circuitos colaterales. Por eso tantísimos castellanohablantes siguen, a pesar de todo, votando al PSC. Entiendo que desde fuera no lo entiendan. Pero también es lo que hay.

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