ETA-Islamistas

La Eta, superseria; los etarras, superbien

José García Domínguez
Todos los presos de la Eta con condenas firmes, absolutamente todos, deben sus penas a magistrados de la Audiencia Nacional. Son cerca de novecientos reclusos y sus sentencias suman miles y miles de años. Sólo una ínfima minoría de los internos islamistas que habitan las cárceles españolas cargan sobre sus espaldas con alguna condena emitida por ese Tribunal. Bien, pues lo iban a dinamitar, los del Grupo Islámico Armado, no la Eta. Hasta estaban dispuestos a saltarse el Ramadán para preparar el magnicidio. Tanto lo odian. Ahora, se entiende aquella conversación con remite en un hotel de la Cadena Gallizo que alguien grabó a tiempo. "Yo me llevo superbien con él, es un tío superserio", se podía escuchar en esa confesión. El tío modélico era un argelino del comando que iba a asesinar a Garzón y compañía; y su fan, un gudari de Jarrai en busca de emociones fuertes. A saber el título del cantar de gesta que debe estar componiendo a estas horas el junior de Ternera y Antza al supercolega Abdelkrim Beresmail.
 
Sin embargo, resultaría risible especular con que la Eta tuviera algo que ver en ese asunto. Lo certifica Pepiño Blanco, que no es como si lo avalase cualquier zurupero. Bien es cierto que Said Afif, el almuecín de la cuarta galería del presidio de Topas que coordinaba el atentado frustrado, es íntimo de Josechu, el enterrador del Excelentísimo Ayuntamiento de Hernani pluriempleado de carnicero en sus ratos libres. Mas sería inadmisible manchar el buen nombre de la Eta con la meno sombra de duda sólo por unos chiquitos de cerveza sin con la cuadrilla de Alá. Lo descarta radicalmente Felipe González, no un indocumentado de cuya palabra cupiese desconfiar.
 
Aunque tampoco sea mentira que en el guateque que montó el emir del trullo el 11-M, los convidados etarras compartieron mantel y risas con el lugarteniente de Allekema Lamari, que es otro tío superserio. Pero de ahí a buscarle tres pies al gato… Sería como suponer que el terrorismo tiene causas. Y ya ha dicho la vicepresidenta de Rodríguez que ni causas ni meigas, que en nada de eso cree ella, la segunda de su primero.
 
Meigas no, pero casualidades sí hay. De ahí que por el mar corran las liebres, la Eta robe coches delante del piso de Toro Castro, Trashorras entretenga el ocio fabricando zulos, el islam en pleno se tutee con alguien de la comisaría de Avilés, las sardinas hagan futting por el monte, las caravanas del norte coincidan el mismo día y a la misma hora con la caravanas del sur, y el jefe de la Eta anunciase que los españoles nos íbamos a enterar de lo que es capaz él, unos días antes de que nos enteráramos de lo que eran capaces los otros. De todos modos, sólo unos intoxicadores podrían sospechar de la Eta en todo lo que está pasando. Porque "ni hay pruebas, ni las habrá", como dijo… ¿Quién lo dijo?
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