El debate

La estrategia Evax

José García Domínguez

Diríase que es una ley de la naturaleza. Todo proceso de decadencia, igual nacional que individual, va invariablemente acompañado de una degradación pareja en los usos y significados del lenguaje. De ahí que se le diga "debate" a ese híbrido entre 59 Segundos y La Noria que esta noche deberá enfrentar las habilidades escénicas de los dos candidatos en el circo televisivo. Un formato, el que imponen las leyes del espectáculo audiovisual, que proscribe cualquier aproximación, por lejana que se quisiera, a la confrontación racional de ideas. Así, excluida a priori la menor posibilidad de rigor en el discurso, quedará abierta la veda de la sintaxis Twitter.

Esto es, enunciados-píldora de ciento cuarenta caracteres a lo sumo, recitado de las banalidades al uso en tertulias y mítines, consignas maniqueas, juicios de intenciones, contenidos emotivos que ahuyenten la más mínima concesión al pensamiento abstracto, y el preceptivo surtido de pareados y frasecitas ingeniosas de la temible factoría González Pons. El Nirvana de esa plaga bíblica, los asesores de imagen. Por cierto, un territorio argumental, el de la papilla dialéctica para consumo de unas audiencias cada vez más infantilizadas, en el que Rajoy lleva las de perder. Buen parlamentario y mal actor, al gallego siempre se le adivina incómodo en tales cambalaches impostados.

Otro argumento pues, además de su condición de favorito presunto, a fin de que en el plató se atenga al pie de la letra a la estrategia Evax: que no se mueva, que no se note, que no traspase. Por lo demás, si el objetivo de Rajoy será no dar miedo, el de Rubalcaba consistirá en no dar pena. Al respecto, y ya sin casi nada que perder, al postulante del PSOE le cabe permitirse algún riesgo. En buena lógica entonces el plus de demagogia salchichera debería caer de su lado de la mesa. Porque frente al previsible recetario minimalista del otro, Rubalcaba habrá de construir una fantasía narrativa a la altura de los mejores cuentos (chinos) de Borges. Y es que Alfredo necesita venderle una gran moto, una auténtica Harley Davidson, a la izquierda volátil, ésa que amenaza con abstenerse en masa el 20-N. A saber, que la socialdemocracia dispone de un relato alternativo de la crisis. Veremos.

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