La estafa de Duran Lleida

José García Domínguez

Contra lo que se rumorea en Buenos Aires, no creo que Dios sea argentino. En cambio, cada día acumulo más pruebas de que Cantinflas era catalán. Repárese, si no, en el espectáculo que ofrecen a estas horas dos de los cinco grupos domésticos que integran el que se dice bloque soberanista. Y es que, igualito que los paleocomunistas vintage de Iniciativa, resulta que en Unió tampoco saben qué quieren ser de mayores. En muy surrealista consecuencia, el Comité de Gobierno de lo suyo acaba de dejar claro ante las asociaciones de psiquiatras del mundo entero que el partido ni está a favor de la independencia de Cataluña ni en contra, sino todo lo contrario. Que cada militante proceda como mejor le plazca acaba de prescribir el alto mando. Llevan un siglo, cien años mareando con la cantinela, pero, por lo visto, les daba lo mismo. De aurora boreal.

¿Alguien se imagina al tipo de Escocia, Salmond creo que le decían, exponiendo ante los suyos que le resultaría indiferente que votasen sí o no a la secesión? Toda esta historia del proceso no es ni un crimen ni un error, es simplemente un fraude. Un fraude democrático e intelectual en el caso de los pretendidos moderados de Unió. Un fraude político y sentimental en el caso de sus socios de CDC. Fraude democrático e intelectual porque, tal como alguna vez ha expuesto Ruiz Soroa con feliz metáfora, casarse o divorciarse constituyen por su propia naturaleza decisiones individuales. Pero lo que en ningún caso se antoja admisible es que uno de los miembros del matrimonio establezca por su cuenta y riesgo cuál será su estatus particular en el seno de la pareja sin tener en cuenta la opinión del otro.

Eso únicamente lo pueden fijar de común acuerdo ambos cónyuges. Bien, pues he ahí la famosa tercera vía de Duran despojada de oropel retórico y charlatanería huera. Si Duran se quiere ir, que se vaya (yo no se lo impediría). Pero si quiere quedarse, no va a ser él quien nos dicte cómo será o dejará de ser España. Lo decidiremos todos. Faltaría más. Fraude, en fin, político y sentimental el del otro porque, salvo la carne de cañón día y noche excitada por los agitadores profesionales de TV3, en la Cataluña con dos dedos de frente ya nadie se toma en serio el asunto del referéndum. Y el primero, huelga decirlo, el mentado Duran.

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