La esquela de Oriol Pujol en 'La Vanguardia'

José García Domínguez

A don Jerónimo Curdumí y Payás le ocurrió un percance muy ingrato el dos de febrero de 1889: se murió el hombre. Al día siguiente de tan irreparable pérdida, el editor de una gacetilla local por entonces insignificante, cierto Bartolomé Godó, tomó una decisión en verdad insólita, dedicar la portada del diario a informar del deceso previo generoso desembolso de la desolada viuda. Así, a golpe de esquelas en primera plana, nacería el imperio periodístico que aún hoy responde por La Vanguardia. Y ayer, ciento veinticuatro años después, el rotativo del conde dio en recuperar la más vieja tradición de la casa.

La aparatosa portada consagrada a airear el cerco de la Fiscalía Anticorrupción a Oriol Pujol recordaba mucho a aquellas célebres esquelas de pago. Al extremo de que apenas se echaba en falta el preceptivo "descanse en paz" antes del punto y final. Lo de La Vanguardia, ese inusual despliegue tipográfico, esa inopinada crudeza en el lenguaje –" por esto se puede ir al trullo"– ratifica de nuevo lo de McLuhan: el medio es el mensaje. No debió resultar casual, pues, la gran fotografía que la semana pasada ilustró unas declaraciones del mismo Oriol Pujol al rotativo. En la instantánea aparecía el hereu inspeccionando con suma atención un extintor de incendios. Por su parte, el titular rezaba: "Pongo la mano en el fuego por la honorabilidad de mi familia".

A propósito de la política exterior del Reino Unido, Lord Palmerston gustaba repetir que los países no tienen amigos permanentes sino intereses permanentes. Y a La Vanguardia le ocurre igual. Desde el mismo instante en que vio la luz, su interés es el Dinero (con mayúscula) catalán. Ese Dinero que no sale de su perplejidad contemplando a un Artur Mas fuera de control; extraviado figurante que, al modo del falso general De la Rovere, da la impresión de haberse creído su propia comedia. La Cataluña que tendría mucho que perder jugando a la ruleta rusa ha empezado a moverse. Sin hacer ruido, discretamente, pero ha empezado. El Dinero no está para bromas soberanistas en este momento. Van a por Mas, al cabo un mero testaferro, y a por los Pujol, la mano que mece la cuna. La temporada de caza mayor ha comenzado.

A continuación