La corrupción en China

José García Domínguez

A raíz de ese gigantesco pufo inmobiliario que mantiene acongojados a los mercados financieros del mundo todo, la bancarrota de una simple empresa del ladrillo que posee una deuda en sus libros superior a la de Portugal, se está empezando a hablar en la prensa europea, y con ingenuidad algo pueril, de la corrupción en el capitalismo de Estado chino. Porque la corrupción, lo sabemos, forma parte del sistema en Occidente. Pero en China no forma parte del sistema, en China la corrupción es el sistema. De ahí que hablar de corrupción en el capitalismo chino venga a ser lo mismo que hablar de agua salada en el Océano Atlántico.

Deng, legendario aficionado a las metáforas zoológicas, acertó a explicarlo en su día con una simple imagen que vale más, por lo esclarecedora, que mil sesudos tratados académicos de ciencia política. Para el enterrador político del maoísmo, la muy singular naturaleza del modelo capitalista llamado a poner fin a la colectivización, tan distinto al liberal propio de Occidente, podía compararse con una jaula que alojase a un pajarito. Así, todo el problema – para el Partido Comunista, se entiende– consistiría en acertar con el tamaño óptimo de la jaula.

Porque si resultase demasiado pequeña, el pajarito capitalista se moriría. Pero si, por el contrario, se le dejase libre, no tardaría mucho en escapar para intentar volar por su cuenta. Por tanto, las dimensiones de la jaula ideal deberían estar muy bien calculadas con tal de evitar tanto lo uno como lo otro. Y de ahí que nada parecido al Estado de Derecho resulte factible en China. Porque el Estado de Derecho puede existir perfectamente sin democracia ( la prueba es el siglo XIX en Europa), si bien se extingue en el acto allí donde impera por norma la corrupción institucionalizada.

Pero sin la corrupción institucionalizada, ¡ay!, el Partido Comunista perdería el monopolio del poder. Y es que la jaula debe ser lo bastante grande para que los pajaritos emprendan sus negocios con facilidad, pero también lo bastante pequeña a fin de que en todo momento necesiten de los mil favores caprichosos y arbitrarios de la burocracia corrupta emanada del Partido con tal de poder medrar. Y la prensa europea intrigada por la posible salinidad del agua en el Mar de China.

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