¿La conjura soriana de los necios?

José García Domínguez

Que la reunión secreta hubiera sido convocada en un sótano sin ventanas de la Moncloa fue lo que llevó a que el humo de los cigarrillos que, uno tras otro, iba consumiendo Adriana Lastra acabase formando aquella espesa capa de niebla tóxica dentro de la habitación. José Zaragoza sorbía inquieto su segundo carajillo. El presidente, en mangas de camisa y con la corbata desanudada, miraba absorto y pensativo hacia la pantalla de PowerPoint donde Iván Redondo había representado medía docena de gráficas con trazos rojos y negros. Tezanos, por su parte, contemplaba la escena con una media sonrisa sardónica desde el fondo de la sala. En ese preciso instante se abrió la puerta y apareció entre las brumas nicotínicas un señor de Soria.

Si eso de la España Vaciada fuese el fruto de una maniobra orquestada entre bambalinas por el PSOE hace un par de años, seguro que la escena real no habría sido muy distinta. En cualquier caso, que lo de la revuelta provincial emergente responda a una maquinación espuria de terceros o no constituye, en el fondo, lo de menos. Y es que, teorías de la conspiración al margen, lo que a estas horas se puede constatar ya como un hecho objetivo y contrastado, como una evidencia empírica sólida, es que, contra lo que venían predicando todos los analistas capitalinos, España Vaciada resulta que ha quitado muchos más votos a la izquierda que a la derecha. Algo que no debería sorprender tanto si se mirara un poco, solo un poco, a lo que está ocurriendo por ahí fuera.

Por ejemplo, lo que pasa al otro lado de los Pirineos, donde el Partido Socialista ya solo existe en París, la ciudad más cara, elitista y pija de Europa, porque sus antiguos votantes de la Francia profunda lucen ahora unos vistosos chalecos amarillos y solo se acercan a la capital para quemar coches y lanzar cócteles molotov. Decíamos ayer que el voto del cabreo se fue a Vox el domingo pasado. Pero, igual que en Cataluña hubo –y hay– un voto de izquierdas a Ciudadanos, un voto de gente que nunca jamás habría podido votar al PP, en Castilla y León existe también lo mismo, un voto cabreado de izquierdas que no puede ir a Vox. Lo de Soria no admite otra explicación. En fin, puede que todo sea una conspiración,sí, pero la de los necios.

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