Estatut

La confederación está servida

José García Domínguez

"Cataluña asumirá bien la sentencia del Estatut", acaba de profetizar el ministro de Justicia con sorprendente, insólita rotundidad. Inaudita clarividencia la suya, toda vez que tan optimista dictamen exige dos premisas, a saber, que el Gobierno disponga ya de la sentencia, y que Zapatero haya aprendido –por fin– a conocer a los catalanes. El problema es que lo primero constituiría un delito de revelación de secreto expresamente tipificado en nuestro ordenamiento jurídico; y lo segundo, un milagro.

Así, que Zapatero no tiene ni idea de cómo son los catalanes lo acredita el que pusiera patas arriba el consenso constitucional por ese papel que, al final, refrendó un irrisorio 35 por ciento del censo; que asintiera a dinamitar los cimientos mismos del Estado a cuenta de algo que no importaba a nadie. Por lo demás, el disponer ahora del veredicto del Tribunal tampoco serviría demasiado a su ministro Caamaño, que, obviamente, no ha leído el Estatut. Porque si conociera el redactado que cometió Alfonso Guerra en la Comisión Constitucional, al menos sabría que el vocablo "nacional" no sólo emerge en el preámbulo.

 
Y es que también el duende nacional habita en el articulado de la Ley, pequeño detalle formal que dota de validez jurídica a la gramática soberanista que perfuma el texto todo. Sin embargo, instalado en su oronda y feliz inopia, el Notario Mayor del Reino ha asegurado a La Vanguardia que "el Estatut no usa la palabra nación en ningún precepto que tenga fuerza vinculante". Habrá, pues, de rectificar el Vaticano su muy errado escepticismo a propósito del Limbo, que no otra, al parecer, es la residencia oficial do mora el señor ministro.
 
En otro orden de obviedades, que los ciudadanos de Cataluña nos tomaremos "bien" la sentencia, es decir con absoluta indiferencia, es certeza que avala el absentismo electoral ya crónico, esa creciente desafección silenciosa al catalanismo que reflejan unas urnas estructuralmente vacías. Sin embargo, para Zapatero y su valido Caamaño, el sintagma "los catalanes" remite a una minúscula sinécdoque que empieza y termina en la Muy Honorable Cofradía del Tres Por Ciento. Y el augurio de que ellos, los de las codornices japonesas, asumirán bien la sentencia únicamente puede albergar un significado. Uno y sólo uno. La confederación está servida, que diría Maragall.
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