La conexión rusa del 'procés'

José García Domínguez

Si algo hay exasperante, al menos para mí, en el enfoque mayoritario de los medios de comunicación españoles en relación a la querella catalana es ese afán tan suyo por resaltar siempre los aspectos más teatrales y frikis de la cuestión, la inmensa mayoría de ellos irrelevantes por marginales, y, al tiempo, su paralela desidia a la hora de hurgar en el fondo serio y trascendente del asunto. Diríase que sólo interesan las payasadas. Una prueba de esa abulia corporativa la estamos viendo estos días tras la revelación en uno de los principales periódicos de referencia en Estados Unidos, The New York Times, del contenido de diversos informes de servicios de inteligencia europeos que vinculan al entorno político más cercano de Puigdemont con el espionaje ruso.

En la información, exhaustiva y documentada, aparecen, junto a nombres de colaboradores de la máxima confianza personal del líder de Junts per Catalunya, partido que cogobierna la Generalitat, tales como el siempre turbio Gonzalo Boye y el no menos oscuro Josep Lluís Alay, una docena de ciudadanos rusos vinculados a los servicios secretos del Kremlin, notorios mafiosos incluidos. Cuestión, la de la más que probable injerencia rusa tanto en el procés mismo como en su resaca posterior, frente a la que los medios parece que han decidido pasar de puntillas por si acaso.

La sombra de la sospecha a propósito de una eventual injerencia rusa ya surgió, de hecho, en vísperas de la sedición de octubre. La inopinada irrupción por aquel entonces en la escena catalana de algunos personajes procedentes del extranjero y con punto estrafalario, figuras que se apresuraron a reclamar una cuota de protagonismo público en los acontecimientos, alentó los primeros recelos. Pero lo que acaba de revelar The New York Times va mucho más allá y deja entrever un vínculo estable entre los servicios secretos de una potencia extranjera abiertamente hostil a la Unión Europea, por tanto también a España, y la figura política que dirige en coalición con ERC el Gobierno de Cataluña. Algo con implicaciones jurídicas gravísimas en caso de confirmarse los hechos denunciados por el periódico norteamericano. Bien, pues aquí todos mirando, por si las moscas, hacia otro lado.

Lo dicho, exasperante.

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