Nacionalismo y guerra civil

La amnesia histórica de CiU

José García Domínguez

Fiel a los elevados postulados metafísicos que siempre han inspirado la acción política de CiU, Duran Lleida acaba de subirse al tiovivo de la memoria histórica para pasar el cepillo entre la feligresía. A ver si por ahí cae algo, que lo de llevarse el dinero de los parados catalanes parece que ahora está difícil. Así, y sólo con treinta y tres años de retraso sobre el horario previsto, el portavoz del secesionismo moderado ha presentado una proposición no de ley al objeto de resarcir a los afectados por la incautación del papel moneda emitido por la República, un proceso confiscatorio llevado a cabo por el Gobierno de Burgos allá por los tiempos de María Castaña (agosto de 1938).

En fin, una nueva comedia demagógica –otra más– a cuenta de la Guerra Civil que no merecería mayor comentario, si no fuera por la naturaleza de los testimonios aportados con tal de avalar el numerito ante la Comisión Constitucional. Y es que los catalanistas apelan a la autoridad intelectual de don José Ángel Sánchez Asiaín, quien en su discurso de acceso a la Real Academia de la Historia expusiera que aquellos "billetes rojos" fueron destinados a "devaluar la moneda republicana en el mercado exterior y atender el costo de servicios informativos en la zona aún no liberada".

Docta aclaración que traducida a la letra pequeña de la amnesia selectiva viene a significar más o menos lo que sigue: de algún sitio había que sacar el parné con que pagar a los nacionalistas catalanes que organizaron los eficacísimos servicios de espionaje a favor de Franco, tanto desde Francia e Italia, como el de la quinta columna implantada en territorio de la República. Sin ir más lejos, la financiación del SIFNE (Servicio de Información de la Frontera Nordeste de España) no sólo partió de los generosos bolsillos de Francesc Cambó y sus fervientes catalanistas, súbitamente teñidos de azul mahón hasta las cejas al ver peligrar la fábrica de la familia.

Y lo mismo cabe decir de Ràdio Veritat, la emisora clandestina que en correctísimo catalán normativo transmitió las consignas facciosas hasta Barcelona por cuenta de los gerifaltes de la Lliga refugiados en Burgos. O de la Oficina de Propaganda de París, nada gloriosa covachuela donde prestarían entusiasta servicio al Caudillo los más ilustres apellidos del catalanismo ortodoxo, desde los Bertrán i Musitu, Estelrrich, Ventosa i Calvell o D´Ors, pasando por los Ribó, Vidal Quadras o Vergés, hasta los Pla, Sentís, Mateu o Marés.

Y ahora va Duran y se me acuerda de los pobres nonagenarios que financiaron aquella conjura catalanista contra la República. Pues, nada más fácil, hombre: que les devuelva el dinero CiU, al cabo legítima heredera espiritual de toda esa tropa, con los fondos que recibe del Estado. Sería de justicia.

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