Nacionalismo

La Agencia Tributaria Catalana

José García Domínguez

Lograr perder unas elecciones desde la oposición no es tarea tan sencilla como muchos suponen. Y menos aún si lo que se tiene delante es un figura empeñado en dispararse un tiro en el pie cada mañana. No obstante, existe un método suficientemente contrastado como para garantizar el éxito seguro en el empeño. Trátase de una técnica muy simple que consiste en plantear la campaña al modo de una cata. En un vaso se le ofrece al votante un sorbo de Pepsi Light y en otro, un trago de Coca-Cola Zero. Así dramatizado el dilema, la ancestral fuerza telúrica que rige la voluntad soberana de las masas, o sea la inercia, se pondrá en marcha con tal de lograr que nada cambie y todo reste igualito a como estaba.

En fin, cuando no sólo existe sino que gobierna la estrategia de un partido, esa pulsión suicida suele racionalizarse apelando al muy sobado mantra de que lo importante es tratar de los problemas que realmente preocupan al ciudadano: el subidón en el precio de los yogures, el temible efecto del cambio climático sobre los bosques del Congo y otros graves asuntos por el estilo. O sea, a imagen y semejanza de lo que predicaba el del Ferrol, lo fundamental sería no andar metiéndose en políticas. En consecuencia, el candidato afectado por el síndrome en cuestión debería abstenerse muy mucho de, por ejemplo, comentar esa nueva con la que tiene previsto estrenar la añada el tripartito: la Agencia Tributaria Catalana.

Como es sabido, al ciudadano le traen sin cuidado los alumbramientos espontáneos de agencias tributarias silvestres. Los ignora, entre otras poderosas razones, porque nadie ha gastado su precioso tiempo explicándole qué riesgos comportan; los unos, por el lógico temor a perder las elecciones; y los otros, por ese pánico escénico sobrevenido ante el riesgo de ganarlas que venimos comentando. En ningún caso, pues, habrá de incurrir el aspirante que se sueñe vencido en hacer el menor ruido con lo establecido en el artículo 204 del Estatut.

A saber, que "se deberá constituir, en el término de dos años, un consorcio, o un ente equivalente, con participación paritaria de la Agencia Estatal de Administración Tributaria y de la Agencia Tributaria de Cataluña. El Consorcio se puede transformar en la Administración Tributaria de Cataluña". Dicho en román paladino: El Estado era Hacienda y la Guardia Civil. A los picoletos ya los hemos echado por la puerta de atrás y lo otro, la plena soberanía fiscal, podremos lograrlo, con el Estatut en la mano, extorsionando al Gobierno de turno a partir de 2009.

Mas callemos. Silencio absoluto, que en casos así toda prudencia siempre es poca.

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