Europa en crisis

Krugman se equivoca

José García Domínguez

Paul Krugman, un hombre que pudiendo ser importante ha preferido ser popular, acaba de dar con la piedra filosofal. Que el desastre de España, sostiene ahora, se resolvería bajando todos los salarios un veinte por ciento. Una receta sencilla como se ve. Y al igual que todas las recetas sencillas, falaz. Aunque no por errada, sino por insuficiente. Porque mutilar los salarios, cirugía tan dolorosa como necesaria, apenas constituye parte –y menor–  de la solución, no la solución. En el fondo, el problema de Krugman es que es americano. Y un yanqui, por muy heterodoxo que se pretenda, jamás podrá entender la mentalidad de este gigante con cabeza de barro teutón que responde por Unión Europea.

Norteamérica, acostumbrada a mandar ya desde la cuna, siempre ha sabido ser un imperio generoso. La hiperpotencia entendió a la primera que el poder hegemónico tiene costes. Cargas muchas veces pesadas que, no obstante, devienen irrenunciables. Sin ir más lejos, el Plan Marshall fue una gran prueba, otra, de ese lúcido egoísmo que acierta a mirar a largo plazo. ¿O alguien recuerda al presidente de los Estados Unidos lloriqueando por el precio que representaría para los contribuyentes de Texas salvar a Europa de la ruina en 1947? Eso es lo que no comprende Krugman: que Alemania, un recién llegado al club de los elegidos, va a rehuir su responsabilidad histórica.
 
Y sin Berlín tirando del carro de la demanda, lo único que provocará la poda salarial aquí es una deflación de caballo. Un escenario atroz en el que todo el mundo verá aumentadas sus deudas como por arte de magia. Ocurre que si precios y sueldos dan en encoger, la distancia entre lo que se debía y lo que se ingresa cada vez se ensancha más y más. El mismo efecto perverso que provocó el patrón oro cuando la Gran Depresión. Y la única salida de la ratonera, las exportaciones, es justo la que bloquea Alemania con su mezquina miopía solipsista. Pues en un espacio económico ensimismado, como la UE, las exportaciones de unos no son nada más que las importaciones de los otros, y viceversa. ¡Quien provoca déficit comercial del Sur es el superávit comercial del Norte! Una tal Merkel por más señas.
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