Jugar a la ruleta rusa en Andalucía

José García Domínguez

El joven y bisoño Casado terminó de demostrar que el cargo le venía varias tallas grande tras empeñarse en forzar ese adelanto en Castilla y León que, al cabo, sólo ha servido para que Vox toque por primera vez poder institucional. Él y el señor de Murcia habían hecho la cuenta de la vieja con los votos huérfanos de Ciudadanos, dando por sentado con muy alegre miopía que todos aquellos hijos pródigos de la derecha convencional volverían con las orejas gachas a la casa del padre en Génova. Pero lo que hicieron, en cambio, fue pasarse en masa a las filas de Abascal, algo que ni el de Murcia ni el de Babia parecían haber contemplado ni siquiera como hipótesis teórica de trabajo.

Con eso de los adelantos electorales ideados en un instante de euforia ante una pizarra, siempre, pero siempre, hay que andarse con mucho cuidado. Y es que los carga el Diablo. Feijóo, un profesional con canas que no viene precisamente del kindergarten ese de las Nuevas Generaciones, seguro que es ahora mismo más consciente que nadie de tales riesgos, los de jugar a la ruleta rusa con los plazos del calendario; y por más señas, con el del andaluz. Porque cabe la posibilidad muy real de que, y en algún despacho vecino del que acaba de estrenar, a alguien se le haya vuelto a ocurrir la misma idea que alumbraron al alimón el Bisoño y el aceitunero altivo. Una idea, la de hacer caja por la vía rápida con la antigua clientela en desbandada de Ciudadanos, que se sustenta en la ignorancia de que dentro de aquel cajón de sastre había de todo.

De ahí que todos los huerfanitos de Madrid se fueran al PP de Ayuso, que todos los de Cataluña se arrimaran al PSC de Illa, y que todos los de Castilla y León anden ahora embarcados en Vox. ¿Y quién le garantiza a Moreno Bonilla que lo que acaba de pasar en la Meseta, con palmo de narices incluido para el pobre Mañueco, no podría repetirse igual de Despeñaperros para abajo? No se lo puede garantizar nadie. La política, sí, es un oficio de adultos, pero también de cínicos. Y cualquier cínico experimentado sabe que en una región como Andalucía hay que tener tiempo para consolidar redes clientelares si se quiere conservar el poder. Yo no jugaría con fuego.

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