Josep Pujol y un cadáver en Panamá

José García Domínguez

Alfons Quintà, periodista que ha alcanzado esa edad en la que un hombre ya puede decir impunemente lo que de verdad piensa, recomendaba ayer un reportaje aparecido en el New Yorker del 22 de noviembre de 1999. Una larga pieza firmada por el escritor Jon Lee Anderson, biógrafo, entre otros, del Che. Cuenta ahí Anderson cómo el presidente de Panamá y hombre de paja del coronel Noriega, cierto Nicolás Barletta, le presentó en su despacho a dos "empresarios españoles" que al punto se mostraron "visiblemente incómodos por mi presencia". Pronto descubriría el motivo. Uno de ellos, por entonces en libertad condicional tras haber sido condenado a seis años de cárcel en España por varias estafas, respondía en vida por John Rosillo. El otro, su amigo y colaborador, era un tal Josep Pujol Ferrosola, "una figura mayor en el negocio español de la construcción", a decir del mandatario panameño.

Recuerdo la primera vez que supe de John Rosillo. Fue por una nota breve en la sección de sucesos de un diario local. Informaba de que el accionista único de una inmobiliaria barcelonesa había estado a punto de morir asesinado en Caracas. El infortunado resultó ser un deficiente mental que acostumbraba a mendigar en el Turó Park, jardín que oxigena la zona alta de la capital catalana. Según la nota del periódico, el pobre trastornado declaró a la Policía que "un señor" le había regalado "mucha ropa de marca" y "joyas de oro" antes de hacerle firmar "unos papeles" y meterlo en el avión rumbo a Venezuela, donde, se le dijo, lo recibirían "unos amigos".

Meses antes del incidente, Rosillo había decidido asociarse con aquel enfermo psíquico para acometer juntos una de las mayores operaciones inmobiliarias de la historia de la ciudad: el proyecto Diagonal Mar. Así las cosas, la empresa del minusválido del parque se ofrecería a cargar con todas las deudas ante Hacienda de Rosillo. De ahí lo pertinente para él de su repentina desaparición. Algún tiempo después de todo aquello, en noviembre de 2007, un empleado del servicio de habitaciones del Hotel Ambassador de Ciudad de Panamá descubrió el cadáver de un cliente tendido sobre la cama. El cuerpo, por lo demás, no mostraba signos de violencia. Lo de Rosillo, según las autoridades del canal, fue un ataque de corazón.

A continuación