La campaña de los cómicos

¿Hay motivo? Sí, el dinero

José García Domínguez
Cuando una banda de criminales a las órdenes de Mister X se dedicaba a secuestrar personas, someterlas después a todo tipo de torturas, asesinarlas más tarde y por último proceder a su entierro clandestino bajo un manto de cal viva, a los cineastas de la Izquierda les ocurrió lo mismo que al diputado por León, José Luis Rodríguez Zapatero: no hallaron motivos para decir esta boca es mía. Con los cerca de mil cadáveres que ETA ha puesto sobre la mesa en los últimos cuarenta años, les pasa igual: por alguna extraña razón no logran remover su exquisita sensibilidad artística. Porque la musa de estos paladines de la libertad jamás ha alumbrado un film, ni uno solo, en el que la cámara enfoque a las pistolas abertzales desde el ángulo de las nucas agujereadas. Debe ser que tampoco encuentran motivos.
 
El neorrealismo mostró fielmente la miseria de la Italia paupérrima de su tiempo. Las imágenes que rodaron los cineastas norteamericanos sobre la crisis del 29 fueron tan crudas como los hechos que narraban. Tanto, que la memoria colectiva de aquella catástrofe económica ya es indisociable del recuerdo de esas películas. En ellas retrataron honestamente lo que pasaba en 1933, el peor momento de la depresión, cuando Estados Unidos alcanzó un nivel de paro del 24,9 por ciento, el mismo al que llegaríamos nosotros en 1994 bajo un gobierno del PSOe.
 
Sin embargo, en esa época negra para España, nuestros progres sólo supieron ingeniar motivos para dar patadas en los genitales a la verdad histórica. Quien lo desee, puede comprobarlo en las filmotecas. Ahí encontrará las hagiografías de travestis y cocainómanos con las que Almodóvar y el resto de la troupe comprometida ocultaron la tragedia de aquel país hundido. Los motivos para contar historias dramáticas sobre el paro únicamente los descubrirían mucho después, al constatarse que con Aznar se habían creado cinco millones de nuevos empleos. Fue entonces cuando se animaron a rodar Los lunes al sol, ese gran testimonio de nuestro cine de denuncia social.
 
Éstos nunca han dejado que la vida los obligara a elegir entre los principios y las piscinas. Porque hace muchos años descubrieron que Stalin tenía razón al pontificar que en sus dominios la única contradicción dialéctica sería la que se estableciese entre lo bueno y lo mejor. La Derecha, apocada y medrosa como siempre que oye el palabro Kultura en boca de ágrafos, les ha pagado las piscinas con nuestro dinero durante dos legislaturas. Pero ellos las quieren cubiertas, climatizadas y con olitas artificiales, como aquéllas en las que se bañaron con el PSOe, juntos y revueltos, durante trece años. Claro que tienen motivos. Les sobran.
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