Rescate financiero

¿Grexit + Spanic?

José García Domínguez

Todo sería más fácil si la Economía no tuviese que ver con la conducta de unas pobres criaturas que comparten la mitad de su árbol genealógico con los chimpancés del zoo. En tal caso, bastaría con recurrir a esas cuentas de la vieja que manejan los que todavía confunden la ciencia lúgubre con la contabilidad. Por un lado, los cien mil gratis total que nos acaban de caer del cielo supondrían la definitiva solución al problema del crédito. Por otro, la insignificancia relativa de la factura griega haría irrelevante su eventual salida del euro. Pero, ¡ay!, somos tan hijos de Darwin como de Adam Smith. Y los animal spirits de Keynes no entienden del debe y el haber cuando el pánico repentino los impulsa a correr despavoridos en todas direcciones.

Estamos a menos de siete días de la tormenta perfecta, y esta vez va en serio. Si Atenas, que ya no tiene nada que perder, rompe la baraja el próximo domingo, el drama estará servido. Llegado ese instante procesal, la fuga de capitales desde la periferia mediterránea con destino al dólar tornaría inevitable el corralón. Esto es, la prohibición de los movimientos financieros transfronterizos. Algo, por lo demás, bien legal contra lo que presumen cuantos ignoran la letra menuda de los tratados de la Unión. Así las cosas, la ciencia ficción contable tan cara a nuestros tecnócratas –"es deuda pero no cuenta como déficit", "no se le presta al Estado sino al FROB"– se revelaría como lo que en verdad es: agua de borrajas retórica.

Consecuencia primera, cualquier financiación privada de la economía española se esfumaría de modo súbito. Ergo, los cien mil de Merkel habría que convertirlos en cuatrocientos mil. Y eso solo para empezar a hablar. En cualquier caso, la previsible tangana doméstica, las cuitas de campanario sobre si se trata o no de un rescate, hurtará lo sustantivo al debate. Esto es, que la recapitalización vía préstamos, al final, empeora aún más las cosas. He ahí la evidencia empírica de lo ocurrido con Irlanda y Grecia tras sus respectivas intervenciones. Los bancos, atiborrados de deuda soberana, multiplicaron su exposición al riesgo-país. A su vez, ambos Estados devinieron insolventes en el acto. Pan de hoy, hambre de mañana.

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