Gabilondo, el hombre invisible

José García Domínguez

Madrid, qué le vamos a hacer, es de derechas; muy de derechas, además. Por qué Madrid se ha vuelto tan derechas en el último cuarto de siglo, coincidiendo con el desmantelamiento final del añejo Estado hipercentralista español y la eclosión paralela del proceso globalizador del orden capitalista, será materia de la próxima columna, no de esta. Pero, en cualquier caso, el novísimo derechismo madrileño yo creo que procede considerarlo ya casi como una evidencia objetiva emanada del orden natural del Cosmos, algo como la segunda ley de la termodinámica. Así las cosas, no lo mejor sino lo único que podría hacer la izquierda para intentar salvar los muebles sería presentar de candidato al hombre invisible, una transparencia que no suscitase el menor interés ni tampoco la más mínima atención entre el electorado del campo contrario. En Madrid, la izquierda no necesitaba un líder sino una ameba. De ahí que los estrategas del PSOE, buenos profesionales que conocen su oficio, optaran en su día por Ángel Gabilondo, entre todos los posibles el cabeza de cartel más parecido a las compresas Evax, esas que no se notan, no se mueven y no traspasan. 

Gabilondo es el mejor candidato imaginable cuando se trata de jugar el partido de vuelta en campo contrario y vienes de perder 5 a 0 en el de ida. ¿Por qué? Pues por una razón evidente. Porque los buenos candidatos son los que consiguen animar a los propios para que acudan a votar mientras desmovilizan a los del adversario, induciéndolos con éxito a que se queden en casa el día de autos. Por eso Gabilondo era ideal para Madrid. Y es que, en las antípodas viscerales del cesante Iglesias, lo único que despierta Gabilondo entre el público de la derecha son irresistibles arrebatos de narcolepsia. Bostezos frente a accesos de ira. Con Gabilondo capitalizando los focos y los micros, una parte estadísticamente significativa de la derecha capitalina no renunciaría a hacer la siesta (en Barcelona decimos hacer) en lugar de tomarse la molestia de dejarse caer por colegio electoral cuando toque. Con el otro, nadie lo dude, habrá colas mucho antes de que abran a las ocho de la mañana. A Ayuso y a Miguel Ángel Rodríguez les ha tocado la lotería.

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