Consumo ético

Extranjeros en su país

José García Domínguez

Fue Francesc Pujols, aquel entrañable orate de los tiempos del cuplé, quien auguró la llegada del luminoso amanecer a partir del cual las cosas saldrían gratis total con sólo decirse nacido en Cataluña. "Muchos catalanes se pondrán a llorar de alegría y se les deberán secar las lágrimas con un pañuelo. Porque, siendo catalanes, vayan donde vayan, todos sus gastos les serán pagados. Al fin y al cabo, y pensándolo bien, valdrá más la pena ser catalán que multimillonario", anunció en su día el filósofo ampurdanés.

He ahí la razón última de que Ramon Bagó, ese machote al que Pepe Montilla ha encomendado la promoción turística de Cataluña, haya incluido a la delegación española en la sección de expositores extranjeros en el Salón Internacional del Turismo de Barcelona. Y es que el tal Bagó anda convencido de que también su coñita le va a salir gratis. Que no otra, barrunta para sus adentros, es la gracia de saltar de Pujol –nuestro héroe ya fuera director general de Turismo con CiU- a Pujols.

Mas sirvámonos de esa simpática anécdota del bueno de Ramon para acometer una reflexión en profundidad sobre las innegables virtudes del comercio solidario. Porque el pobre Bagó, que padece en lo más hondo cada vez que alguien lo toma por español, carga, a mas a mas, con la pesada cruz de presidir un holding de 57 empresas que facturan todas ellas, ¡ay!, en su denostado Estado español. Grupo Sehrs se llama el emporiete de nuestro sufrido Ramon, y extiende sus actividades desde la hostelería y la restauración hasta el turismo y la sanidad.

Repare por un instante el consumidor responsable en el desgarro moral, en la herida íntima, en la ofensa infinita que, sin saberlo, procura al desdichado de Ramon cada vez que adquiere en el súper un producto del Grupo Serhs tomándolo por español. Y piense a continuación en cómo un pequeñísimo esfuerzo, un simple testimonio de solidaridad, de respeto a la alteridad, de reconocimiento a esa sensibilidad diferencial que encarna Ramon podría aliviar el inmenso daño que, inconscientemente, le venimos procurando entre todos.

Cuánto dolor innecesario, inútil, baldío se evitaría con el simple gesto de reconocer que los bienes y servicios que comercializa el Grupo Serhs proceden de un fabricante extranjero. ¿Acaso no fue el mismísimo Aristóteles el que prescribió que la única condición para que uno llegue a ser virtuoso consiste en actuar siempre como si ya lo fuese? ¿Y no constituye el consumo ético un imperativo categórico de la nueva moral civil que exigen los tiempos? Pues bien hará en reflexionar sobre todo ello el comprador prudente –y español– antes de echarse alegremente la mano a la cartera para volver a ofender sin necesidad al tal Ramon Bagó. Es de justicia.

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