Galicia

Eu non son Anxo Quintana

José García Domínguez

Es fama que ya en el Cronicón de San Próspero de Aquitania se denunciaron las malas artes del primer bipartito gallego, aquél que gobernó la Diócesis de Santiago bajo el legendario Prisciliano, obispo heresiarca que en buena hora mandó decapitar el contradictorio Clemente Máximo a la sazón emperador de Roma allá por el año 379 de Nuestro Señor. A propósito de ese primer gran corruto lucense, reporta con el natural escándalo Menéndez Pelayo, en Historia de los heterodoxos españoles, que el susodicho fue hallado culpable de un sinfín de prácticas abominables, tales como "el maleficio, los conciliábulos obscenos, nocturnas reuniones con mujeres y otros excesos de la misma laya". O sea, lo de Roldán retozando en calzoncillos con las pilinguis, pero en plan película de romanos.

Quizá no vendría demasiado a cuento rememorar hoy aquel affaire preautonómico si no fuese porque el tal Prisciliano se hacía escoltar por una especie de vicepresidente, algo así como un Anxo Quintana avant la lettre, que, según acredita don Marcelino, respondía por Latroniano. Quién sabe, quizá fuesen un inconsciente homenaje a su antecesor esas imprudentes fotografías que Quintana se dejó tomar a bordo del ostentóreo yate del constructor Jacinto Rey. El mismo Rey, Jacinto, monarca casi absoluto del quebrado ladrillo gallego que poco después resultaría agraciado con un multimillonario negocio eólico por parte de la Consejería de Industria de la Xunta; un departamento bajo control del BNG, tal como el lector perspicaz ya habrá intuido.

Graciosa concesión administrativa al patrón de la nave que transporta a Quintana de grumete que, más que oler a Latroniano, apesta. Sobre todo, considerando la nula experiencia en el sector del chiringuito creado a toda prisa por Rey con tal de acudir en busca del maná de la Xunta. Y es que parecía imposible desbordar por la izquierda el zafio nepotismo de Pérez Touriño, pero ahí estaba su alter ego, el Anxo caído, para demostrar que nada hay que no sea definitivamente empeorable. Por lo demás, aún quedan dos días de campaña. Todavía está a tiempo, pues, de rodar otro spot con Juan Guerra, el mentado Roldán, Josep Maria Sala y un doble de Mariano Rubio, gritando todos juntos y en unión: "Eu son Anxo Quintana".
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