Patxi López

ETA no es fascista

José García Domínguez

Ese discurso del lehendakari tan celebrado, tan firme, tan en las antípodas de aquella ruin doblez de Ibarretxe, sin embargo, constituye la prueba de que los civilizados ya hemos perdido la batalla decisiva, la del lenguaje, frente a la barbarie. Así, igual de urgente, si no más, que devolver al Estado el monopolio legítimo de la violencia en el País Vasco, ha de ser retornar su significado genuino a las palabras. Y mientras no tomemos al asalto esa trinchera, la del diccionario, los gudaris y sus pares, los recogedores de nueces continuarán avanzando en la lenta pero segura colonización del imaginario colectivo. 

"Se acabó la impunidad de ETA y de los chivatos del fascismo", clamó el lehendakari en su intervención. Frase, al parecer improvisada, que no sólo ha merecido honores de portada en la prensa nacional, sino un aplauso tan cerrado y unánime como absurdo. Razón última, quizá, de que María Dolores de Cospedal se apresurase a abundar en idéntico despropósito, tildando de "fascista" al Pacto del Tinell. Proclamas ambas, tanto la de López como la de Cospedal, muy dignas de encomio si no acusasen un pequeño problema ontológico, a saber, que ni los etarras ni el Tripartito son fascistas, sino todo lo contrario: antifascistas militantes. Algo que, por lo demás, es de dominio público.

Pues nadie ignora que ETA, amén de pretenderse un movimiento de liberación nacional, apela al marxismo como supremo garante doctrinal de sus señas de identidad. De ahí que tampoco nadie haya visto a Otegi y a Josu Ternera saludándose a la romana, cantando las glorias del Duce en las herriko tabernas o recitando a D’Annunzio en euskera batúa. Ternera y Otegi, todo el mundo lo sabe, ni son ni nunca han sido fascistas, sino auténticos revolucionarios de izquierdas.

Y no obstante saberlo, el lehendakari jamás de los jamases se atrevería a gritar, por ejemplo: se acabó la impunidad de ETA y de los chivatos de esos gudaris comunistas. Igual que tampoco la Cospedal osará pronunciar la verdad a propósito del Tinell: genuino catalanismo, en estado puro, una añeja estrategia frentista que se remonta a la Solidaritat Calalana de Cambó, hace más de un siglo.

Y es que les han okupado el inconsciente y ni siquiera se dan cuenta.

A continuación