Estamos financiando a Putin

José García Domínguez

Hay tres países en el mundo que están obteniendo ya grandes beneficios económicos a raíz de la invasión de Ucrania por Putin. Y en el futuro inmediato van a ganar mucho más dinero aún gracias a esa guerra. Uno es Venezuela, a quien se tendrá que permitir exportar petróleo —y mucho más caro— a los grandes mercados de Occidente a fin de compensar la caída en la oferta global. El otro es Argentina, que volverá a convertirse al inopinado modo en el inmenso granero del planeta que había sido en los años veinte del siglo pasado, cuando su añorada época dorada de gloria nacional. Y el tercero, el más beneficiado de todos con diferencia, resulta ser uno que responde por Federación Rusa.

Porque se habla mucho del gran daño que supuestamente le están causando las sanciones financieras a Rusia. Pero casi nada se airea, en cambio, el enorme incremento de los ingresos por divisas que está obteniendo la misma Rusia gracias a la subida exponencial de los precios del gas y del crudo, ese mismo gas y ese mismo crudo que en ningún instante han dejado de comprarle los muy escandalizados miembros de la Unión Europea. Al punto de que el mejor negocio financiero en que se ha embarcado Rusia desde el fin de la Unión Soviética ha sido arrasar Ucrania. Porque es la Unión Europea, tan solidariamente hipócrita ella, quien en realidad se ha prestado a financiar a escote los inmensos gastos que supone para el Kremlin destruir un país tan extenso y poblado.

Sin el dinero que le está entregando la Unión Europea todos los días, Putin no podría pagar la factura de la invasión, como la Unión Soviética tampoco pudo asumir la sangría contable que le supuso la ocupación de Afganistán, la causa última de su desmoronamiento final. Porque no existe ninguna manera militar de acabar con el exterminio de Ucrania distinta de declarar la Tercera Guerra Mundial. Pero sí existe, en cambio, una manera de estrangular financieramente al Kremlin en un mes. Esa manera se llama boicot al gas ruso y solo exigiría que los habitantes de Alemania pasasen algo de frío en sus casas hasta que llegue el verano. Un precio demasiado alto e inasumible, huelga decir.

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