Esquerra va de farol

José García Domínguez

El bipartidismo imperfecto, tan buscado y propiciado por los constituyentes, acabó resultando tan imperfecto que dejó de ser bipartidismo a partir de la Gran Recesión. Lo que aquí hay desde entonces resulta más bien un multipartidismo imperfecto, un orden parlamentario con tres o cuatro partidos dominantes, escoltados por una variada sopa menestra de pequeñas formaciones regionales o micronacionalistas que devienen imprescindibles para configurar mayorías estables de gobierno. Así, con el paso del tiempo, la geometría del parlamentarismo hispano se va pareciendo más y más a la italiana, siempre tan caótica, y mucho menos a la británica, que era la que tenían en la cabeza los padres de la Constitución y de la Ley Electoral a finales de los setenta.

Y eso conlleva de modo insoslayable que la izquierda española vaya a tener que apoyarse siempre en alguna facción del independentismo catalán para conservar la Moncloa. Es, qué le vamos a hacer, lo que hay. Y es lo que hay porque así lo quiere el pueblo soberano. Pero esa realidad emanada de las urnas también obliga a la facción posibilista del separatismo catalán a mantener acuerdos parlamentarios estables con la izquierda española. Y por una razón muy simple, a saber: porque de lo contrario viene Vox. Esquerra va de farol. Va de farol ahora con lo de los espías y fue de farol también en lo de la reforma laboral. Ha ido siempre de farol.

Entonces estuvo a punto de salirles mal la pose porque no contaron con el temerario salto mortal sin red de los navarros, un suicidio asistido al alimón con el que era muy difícil contar. Pero lo suyo era solo pose. Y solo pose continúa siendo ahora. Porque lo de Bildu vendiendo la burra ciega de que votan por sentido de la responsabilidad (no se atreven a decir de Estado) no cuela. Ni como broma cuela. Eso es una trola más grande que la catedral de Burgos. Esquerra quería amagar pero no dar. Todo ha sido una pachanguita teatral para salvar la cara en Barcelona ante los más asilvestrados y cafres de entre los suyos. Porque no pueden romper con Sánchez. Los tiene cogidos por... la Generalitat.

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