En Santa Coloma no querían la inmersión (y 3)

José García Domínguez

A propósito de la imaginaria lucha reivindicativa de los centenares y centenares de no menos imaginarios padres y madres castellanohablantes de Santa Coloma de Gramanet, los que en el guión también imaginativo del cuento oficial se habrían movilizado en calles y plazas hasta la extenuación con el propósito de que sus hijos no pudieran estudiar ni una sola asignatura en su lengua materna dentro de los colegios públicos de la localidad, escribió en su día el mismísimo creador de la inmersión, Joaquim Arenas, el célebre Camarada Arenas:

"En el inicio de esta política [se refiere a la época del primer experimento piloto en Santa Coloma, a principios de los ochenta] ordené que el Departamento de Enseñanza estudiase a fondo el grado de receptividad, o de rechazo, que pudiera provocar".

Veamos, los padres de las poblaciones con predominio lingüístico no vernáculo se pasaban el día manifestándose a favor de la urgente inmersión de sus hijos, pero el responsable máximo de sumergirlos no tenía nada claro que ese fuera su deseo, de ahí que se mostrará tan preocupado por "investigar la receptividad" —y "a fondo"— con todos los medios administrativos a su alcance. Un poquito raro tanto afán inquisitivo estando tan clara la voluntad popular, ¿no? Claro que al Camarada Arenas se lo ocurrió poner la verdad por escrito hace ya un par de décadas, momento en el que nadie en el País Petit sospechaba que algún día el Tribunal Supremo de Madrit fuera a tumbar la inmersión y que, en consecuencia, se hiciera necesario reescribir a toda prisa la historia del invento en la red de medios de comunicación del Moviment.

Una reescritura, esa de la realidad a la que tanto empeño dedican siempre los catalanistas con mando en plaza, para la que hubiera resultado ideal contar con el testimonio del hombre que desde el Ayuntamiento de Santa Coloma dirigido por el PSUC les facilitó el trabajo, Pedro García, un maestro de EGB que entonces ejercía como concejal de Educación. Lástima que aquel Pedro García acabase marchándose de Cataluña a Murcia, su tierra natal, asqueado por la imposición idiomática. Y también lástima que su ahora compañera sentimental, otra maestra, haya sido apartada de la docencia hace muy pocos meses por la Generalitat, tal como ella misma confesó entre lágrimas a Antonio Robles, con el argumento de su insuficiente dominio el catalán. Cría cuervos normalizadores.

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