El verdadero plan de Artur Mas

José García Domínguez

Diríase que el PSC ha necesitado treinta años para sustituir a Marx por Cantinflas. Así, su penúltimo ejercicio de funambulismo, postular que se convoque cuanto antes un referéndum independentista para frenar la deriva independentista, recuerda más a la retórica de Mario Moreno que al pensamiento de Gramsci. Proceder siempre errático, el del PSC, que viene a certificar el gran éxito y, a la vez, el gran fracaso del catalanismo contemporáneo. Éxito porque ha logrado, al fin, consumar el objetivo de nacionalizar a las elites. A día de hoy, y fuera del consenso nacionalista, en Cataluña solo resta espacio para la marginalidad política, cultural e incluso civil. Al punto de que no sería comprensible la praxis claudicante de los socialistas sin reparar en esa circunstancia.

Y fracaso, decía, porque el empeño de elaborar un imaginario diferenciado para consumo de las masas no ha terminado de culminarse. Lo que es unanimidad entre la clase dirigente se torna mayoría precaria, nunca hegemónica, entre la población. Una debilidad orgánica, la del catalanismo popular, equiparable a la del españolismo, igualmente frágil desde su gestación decimonónica. De ahí, de esa escisión interna en la Cataluña tangible, que la independencia formal no constituya hoy el verdadero objetivo de CiU. La independencia es un mcguffin; y Junqueras, el hombre del saco para asustar a los niños. Porque lo que de verdad pretenden no anda demasiado lejos de aquel Estado bicéfalo con que fantasearon Prat de la Riba y Almirall hace más de un siglo.

Cuando terminen el ruido y la furia de la charanga secesionista, Mas pondrá sobre la mesa algo muy parecido a lo que acaba de explicitar Agustí Colomines, el recién cesado director de la fundación de CDC (sí, la de los hurtos en el Palau y los patrocinios millonarios de las grandes constructoras). Esto es, una propuesta para acabar con el café para todos, el corsé que diluye el hecho diferencial en el igualitarismo federalista. Se trataría de construir un nuevo Estado, asimétrico por supuesto, con únicamente cuatro territorios autónomos (los tres históricos más Andalucía). Algo que sí puede firmar el PSC. Llevan jugando al póquer del mentiroso desde la manifestación del 11-S. Ya era hora de que empezaran a enseñar sus cartas.

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