El último negocio de Roures

José García Domínguez

Con el Gobierno de la Generalitat instalado ya oficialmente en los minutos de la basura, aunque tratándose de Torra eso no deje de constituir una redundancia, en los cenáculos del País Petit está causando algún revuelo la noticia, en apariencia tan anodina, de que un grupo de notables de la progresía doméstica, en el que andarían juntos y revueltos significados dirigentes de la confluencia podemista de la Colau, así el inefable Pisarello, con relevantes pijoflautas de la CUP, entre otros la prófuga axilar Anna Gabriel, habrían acordado alumbrar cierta fundación Sobiranies, en castellano ‘soberanías’. En eso de las soberanías plurales parece que se están enseñando bastante Xavier Domènech, el del morreo célebre con Iglesias en las Cortes, por parte del entorno de Podemos, y Quim Arrufat, una de las contadas cabezas presuntamente pensantes de la CUP. El asunto, decía, no tendría mayor relevancia si no fuese por el nombre de pila y el apellido manifiestamente impostado del que ha puesto el dinero para que la cosa funcione. Y es que quien paga las facturas del chiringuito resulta ser un tal Jaume Roures, de profesión sus enredos audiovisuales con cargo al erario. El mismo Roures que ya en su día organizara una muy comentada cena en su domicilio privado para que pudieran confraternizar en la intimidad el hoy vicepresidente Iglesias y el melifluo santurrón Junqueras.

Y como el avispado inversor Roures no da nunca puntadas sin hilo ni duros a cuatro pesetas, ya hay muchos en la Ciudad de los Prodigios, entre ellos Lluís Ravell, el anterior líder en el Parlament de los Comunes y ahora defenestrado por Colau, convencidos de que el nuevo negocio que ha dado en promover el amo de Mediapro tiene por objeto social fabricar un tercer tripartito de cara a las autonómicas de otoño. Audaz, como siempre las suyas, la idea del solvente muñidor Roures pasaría por crear las bases para una nueva hegemonía de Esquerra Republicana susceptible de articularse merced a una alianza estable de gobierno con todo lo que hay a la izquierda del PSC, o sea, la grey de Colau y el irredentismo ruralizante de la CUP. En ese diseño, Iceta quedaría fuera y abocado a un apoyo parlamentario tan externo como irrelevante, la triste contrapartida en pago a que las otras izquierdas catalanas garantizasen la estabilidad del Gobierno de Sánchez en las Cortes. En el fondo, el mismo modelo, eutanasia del PSC incluida, que implantó Pujol durante su interminable reinado.

Si le sale, puede ser un negocio redondo. Otro más.

A continuación