Diada

El último gag de Maragall

José García Domínguez

Lo echaremos de menos. Y no sólo por demostrar de una vez por todas que tenia razón Pla: "Eso del seny catalán es una collonada. No ha existido jamás". Sino porque, al final, también le va a dar la razón al otro gran viejo, Borges: "La realidad y mi recuerdo de la realidad son lo mismo". De ahí, su última genialidad, el "esto ha sido todo, amigos", tras el que desaparecerá del escenario mordisqueando una zanahoria. Se trata del programa oficial para el inminente 11 de Septiembre, nuestro sagrado Día de la Patria Chica. Y ni al propio Fellini se le podría haber ocurrido algo más felliniano.

Porque lo de hacer coincidir la ascensión del de Iznájar al cielo del catalanismo con la Fiesta de Difuntos, no dejaba de tener su coña. Pero esta vez el president se ha superado a sí mismo. Pues no me piensa poner firmes a Pepe Montilla, a Fainé y a Fornesa, mientras la señera ondea al viento, los mossos se cuadran ante el susodicho señor ministro de Industria y los dos señoritos de la idem, al tiempo que la orquesta interpreta la entrañable sardana que lleva por título... "La cançó del lladre" ( "La canción del ladrón"). Irrepetible personaje, este Maragall, extraordinario.

Y encima, leído. Tan leído que ni la Chacón, que milita en el sector escolarizado del PSC, ha captado la sutil y descreída ironía que ha de impregnar la charanga patria de este año. Porque uno se puede hacer cargo de que al pobre Montilla se le antoje "ultranacionalista" el programa de la Fiesta Mayor. ¿Qué otra cosa podría barruntar alguien convencido de que el castellano también emigró en los sesentas, sentado a su vera en aquel vagón de madera del "Sevillano"? O de que igual cavile la Manuela, aunque ella sepa que nos lo impuso la Inquisición al invadir Cataluña a finales del siglo XIX. Pero que una chica estudiada , como Carme(n), no comprenda la descarada burla de la tradición catalana que encierra eso de expulsar al castellano de todos los actos del 11-S.

Que ignore que ya en 1641 el ilustre patriota Mossèn Gaspar Sala i Barat pronunció su célebre elogio fúnebre de Pau Claris en castellano. ¡De Claris, el Maragall de la época que estuvo a un tris de proclamar la República Catalana! Que no sepa que en materia como la que nos ocupa, es decir la liturgia sacra, tan pronto como en 1637 en el Concilio Tarraconense se postularía que "en las villas y lugares de Cataluña es justo, y aun necesario, que se predique en vulgar catalán, sin que esto admita dispensación. Mas en las ciudades se deben predicar Cuaresmas en castellano". Que no pille que lo catalán-catalán sería suprimir del programa esa sardana dedicada a los chorizos, y colocar en su lugar a Los Estopa, recitándole a Montilla "La del Lute". Y en castellano de Cornellá, como debe ser. Ay, Carme(n), Carme(n), aún harás buena a la Poyato.
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