Carod Rovira

El ultimátum

José García Domínguez
El destino, que es caprichoso, sentenció que el doctor Freud de Viena partiese hacia el otro mundo sin saber que en éste irrumpiría a no tardar quien se hace llamar Carod guión Rovira, Josep Lluis. De ese modo, el Fátum, que además esconde un punto piadoso, libró al hijo del Cuerpo del padre del Psicoanálisis. Mas para compensar, como al parecer también hiciera Dios con la Argentina, nos lo regaló a los catalanes. Y esa prenda caída directamente del cielo en un cuartelillo de Tarragona acaba de darle un ultimátum a su protegido, el presidente Rodríguez. O en el plazo de tres meses le entrega los diecisiete terroristas oriundos de los Països Catalans que están dispersos por las cárceles españolas, o… Tres meses. Noventa días. Eso es lo que hay.
 
Bueno, también hay más cosas. Por ejemplo, hay una Ley por la que se transfirieron todos los centros penitenciarios de Cataluña a la Generalitat. Razón de que esa Comunidad sea la única que no retiene preso ni un sólo etarra, ya que así lo pactaron todos los grupos nacionalistas en tiempos de Pujol. Por haber, hasta hay un consejero de Gobernación que milita en ERC. Y como ya se ha dicho, hay un requerimiento. Tres meses. Noventa días. Ni uno más.
 
Aunque lo mucho que hay no termina ahí. Porque, además, hay un president de la Generalitat para el que la palabra de un comercial de la factoría Antza-Anboto vale más que cualquier testimonio de la Policía o la Guardia Civil. Y hasta hay un cortesano de cabecera, que es el que piensa y escribe los papeles. Y ese asesor áulico de su muy honorable asesorado, presume en La Vanguardia de haber ayudado a saltar la muga a un criminal de ETA. Porque alardear de esas hazañitas cada vez viste más en esta Barcelona capital del diseño. Pero, con todo, es mucho más lo que hay. Y es que, cada año, hay un homenaje a cierto dirigente de Terra Lliure que falleciera en un tiroteo con las fuerzas de seguridad. Y hay un teniente de alcalde de ERC. Y el teniente de alcalde de ERC, cada año, preside la ceremonia de exaltación de la memoria del otro. Y hay un plazo. Tres meses. Noventa días. Ni uno más.
 
Todo eso hay. Pero no es eso todo. Porque hay una grieta legal por la que se podría reventar el cumplimiento íntegro de penas por el procedimiento del butrón autonómico. Y hay una amenaza a plazo fijo para Rodríguez. Tres meses. Noventa días. Ni uno más. ¡Ay!
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