Estatut

El Tripartito amenaza al Constitucional

José García Domínguez
Que se atenga a las consecuencias el Tribunal Constitucional si, al final, no se pliega a incurrir en manifiesta prevaricación, tal como le vienen exigiendo los catalanistas todos desde el mismo instante en que aceptó a trámite el recurso contra el Estatut. Por las buenas, la máxima autoridad del Estado en Cataluña se lo ha vuelto a advertir en los siguientes términos: "Si la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut fuese lesiva para nuestro autogobierno, he decidido convocar a los líderes de las fuerzas parlamentarias para sondear su disposición a procurar que la respuesta de las instituciones y de la sociedad catalana sea lo más sólida, mayoritaria e inequívoca posible".

Descartemos, por contraria a los usos y costumbres de la plaza, que esa "respuesta" consista en acatar respetuosamente la sentencia, tal como ocurriría entre los civilizados. Así las cosas, la bravuconada de Montilla abre las puertas a un sugerente abanico de guiones de cómic. ¿Impartirá las oportunas ordenes a Carme Chacón a fin de que la Legión bombardee la sede del Tribunal? ¿Enviará un comando de mossas d´esquadra a raptar a María Emilia Casas para enclaustrarla luego en Montserrat bajo estricta custodia de Sor Lucía, la monja alférez de Carod? ¿O tal vez tiene previsto declarar el Estat Català encima de un tablao de la Feria de Abril de Santa Coloma de Gramanet? El mundo entero pendiente de Montilla, que titularía El País.

Desconcertante, milimétrico, grotesco también el paralelismo entre la tropa de tercera regional que hoy dirige Cataluña y aquella recua de iluminados que la empujó a la guerra inexorable hace ochenta años. Así Macià, retratado en estos términos por su amigo de la infancia Amadeu Hurtado, el abogado que representó a la Generalidad en el contencioso que dio lugar a la otra sublevación, la separatista de 1934: "No sabía nada de nada y daba miedo escucharle hablar de los problemas de gobierno porque no tenía ni la más elemental noción; pero el arte de hacer agitación y de amenazar hasta el límite justo para poder retroceder a tiempo, lo conocía tan bien como Cambó". Así el diletante Companys, patético histrión sobre el que un atónito Prieto confesaría a Azaña: "Companys está loco, pero loco de encerrar en un manicomio". Así Montilla.
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