¿El Tribunal de Cuentas avalaría al Dioni?

José García Domínguez

Nada mejor que mantener entretenido al pueblo soberano con una buena guerra en la tele para cometer todo tipo de fechorías políticas al impune modo, gratis total. Así lo de ese sarcasmo al que llaman Tribunal de Cuentas y su muy obscena connivencia con los sediciosos catalanes. Toda una comedia bufa en la que un organismo del Estado acepta que otro organismo del mismo Estado avale con el dinero de los contribuyentes las fianzas impuestas por él mismo a una cuadrilla de malversadores de caudales públicos, esto es, de defraudadores del dinero de esos contribuyentes ahora doblemente estafados. Algo así como si el Dioni hubiera logrado en su día que el Banco de España le indemnizase por daños y perjuicios, amén de por el lucro cesante que le causó el incordio de haber sido extraditado desde Brasil a instancia de un juez español.

Porque de un asunto no muy distinto a eso es de lo que estamos hablando. Resulta tan escandaloso lo que acaba de hacer el PSOE aprovechando que los que tienen que pronunciarse en las encuestas andan absortos mirando para otro lado, tanto, que hasta se justifica la irresponsable conducta antisistema del PP al negarse a facilitar la renovación de las instancias constitucionales que controla Génova por medio de militantes y allegados obedientes al partido. Se mire como se mire, lo del filibusterismo obstruccionista del PP tiene difícil venta. Pero es que eso otro, convertir a un órgano constitucional en financiador, cómplice y auténtico perista de una partida de malhechores convictos, resulta aún infinitamente más inadmisible desde cualquier punto de vista.

Y es que la verdadera privatización del Estado no consiste en subastar empresas públicas y externalizar la gestión de servicios, lo que tanto escándalo moral suscita entre la izquierda biempensante con mando en plaza, sino en eso otro que acaba de hacer el PSOE con el Tribunal de Cuentas, cándida anuencia del PP mediante. Si lo que se ansía es la rehabilitación integral de todos los reos de sedición en Cataluña, y no cosa distinta es lo que persigue el Gobierno, tenga el presidente el valor de decirlo y hacerlo a las claras, sin disimulos ni prevaricadoras triquiñuelas leguleyas. Y, ya de paso, disuélvase ese circo ambulante, el de la astracanada de las cuentas. Que no siempre habrá una guerra a mano para engañar a la audiencia.

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