Congreso del PSOE

El retorno de los dinosaurios

José García Domínguez

Agencia nacional de colocación busca administrador-gerente. Condiciones a negociar. Imprescindible experiencia. Se garantiza discreción absoluta a los aspirantes a la plaza. Interesados, personarse en Ferraz 70 en horario de oficina. En lugar de convocar un congreso, mejor hubiesen hecho insertando algún anuncio parecido en el periódico del domingo. A fin de cuentas, de lo que un día fuera el proyecto histórico de socialdemocracia poco más queda que eso: una ETT. Huérfana de un relato histórico desde la caída del Muro y el derrumbe del socialismo real; desprovista del cualquier horizonte utópico más allá del matrimonio gay –¡la izquierda gran baluarte del matrimonio!–, diluidas en la nada sus viejas señas de identidad, apenas le resta la pequeña miseria cotidiana, las sórdidas cuitas del politiqueo intrascendente.

La res publica rebajada a mero ejercicio de consolidación contable, rutinaria administración de bienes y servicios. La tecnocracia, algo connatural a la derecha, que es por esencia apolítica, pero la antesala de la descomposición para la izquierda. Por eso el horror vacui que se deja traslucir hoy en sus apéndices mediáticos. Al cabo, los grandes partidos socialdemócratas europeos, PSOE incluido, suscribieron con entusiasmo lo que se dio en llamar el "Consenso de Washington". Aquélla que fuera doctrina canónica del establishment hasta el colapso de 2007, y que podría resumirse en tres sencillos mantras: "estabiliza, privatiza, liberaliza". De ahí que, por mucho que ahora la repudien, esta crisis también sea hija suya. Tan suya como del que más.

¿Qué fue la Tercera Vía de Blair –o los Nuevos Demócratas de Clinton– si no la asunción vergonzante de los postulados desreguladores de Thatcher y Reagan? Recuérdese al respecto la célebre melonada del mayor devoto conocido del libre mercado, el líder laborista Gordon Brown: "La era de los auges y de las crisis ha pasado a la historia para siempre". Así las cosas, ¿qué más da Rubalcaba, Chacón o el niño Madina? Si acaso, aprestémonos a contemplar, tan recurrente, el espectáculo del desnudo navajeo por la poltrona. Aunque los jóvenes ya lo han conseguido. Ya han salido fugazmente en la foto. Ya han demostrado cuánto valen. Han de irse, pues. Nadie llorará por ellos. Ha llegado la hora de la generación del futuro. La de Felipe y Guerra, of course

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