El racista y los muditos

José García Domínguez

Pequeño alboroto en el País Petit a cuenta de la censura que el diario separatista Ara ha aplicado a un artículo de opinión firmado por otro de los suyos, el también separatista Xavier Roig. Tratábase de un texto donde el autor volvía a repetir los mismos argumentos manidos sobre el idioma y la inmigración que vienen recitando todos los nacionalistas domésticos desde hace más de cien años. Así, el ahora acallado y compungido Roig mostraba allí su hondo escándalo ante la contrastada evidencia de que los inmigrantes sudamericanos puedan comunicarse en castellano, y sin mayor problema, con el resto de la población local. Algo lógicamente inadmisible a ojos del patriota Roig.

Denuncia, la reprendida, a la que añadía su personal certeza a propósito de que esa gente seguirá hablando impunemente en español a menos que los obliguemos por la fuerza a pasarse al catalán. Nada nuevo, pues, bajo el sol. Ese tipo de fantasías supremacistas no sólo han estado presentes desde siempre en la doctrina del catalanismo canónico, sino que constituyen el genuino núcleo esencial del propio pensamiento catalanista. Lo único que cambia es que ahora el enemigo interno, la quinta columna fonética, es sudamericano, no andaluz, como cuando llegaron de Jaén los padres de Gabriel Rufián, o murciano, como cuando los descamisados de la FAI imponían su ley en la Torrasa a las órdenes de Durruti.

Lo que no entiende el pobre Roig es que se le ha censurado su muy dolido de profundis no por el hecho de que la dirección o la empresa editora del periódico discrepen en algo del fondo ideológico de la pieza. Bien al contrario, coinciden con el autor en todo lo que allí se exponía. Y la prueba de su asentimiento tácito reside en que ningún articulista habitual de la prensa catalana, que no sólo los del Ara, ha osado criticar el contenido apenas veladamente racista de su papel. Roig puso por escrito lo mismo que piensan todos. Pero eso, ¡ay!, no se puede airear en público. Así que no nos extrañemos de que nadie en la plaza haya concedido componer un solo párrafo en contra. Ni un mísero párrafo. Nada. La verdadera lacra moral son ellos, los muditos falsamente civilizados, no el ingenuo de Roig.

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