El PSOE siempre quiso regalar el Sáhara

José García Domínguez

La mejor manera de mantener bien guardado un secreto de Estado es airearlo en un periódico. De ahí acaso que a nadie se le haya ocurrido recuperar la pieza publicada en 2010 por el diario El País donde se revelaba con pelos y señales, pelos y señales extraídos todos ellos de los cables diplomáticos secretos interceptados por la red Wikileaks, que el Gobierno del PSOE andaba tratando de acordar con Marruecos algún plan de autonomía administrativa para el Sáhara, un apaño con Mohamed VI que permitiera a España dar la espalda a la legalidad internacional y a todas las resoluciones del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas emitidas a lo largo de los últimos a cuarenta años.

Y es que no hay ningún misterio tras el paso final que acaba de emprender Sánchez, al cabo un simple continuador de la doctrina de los gobernantes socialistas desde los tiempos de Felipe González. Nadie se extrañe, pues, de que en las comunicaciones interceptadas por Wikileaks el embajador de Zapatero en Rabat, Luis Planas, dijera a su homólogo norteamericano, Thomas Riley, que Marruecos debía presentar un "plan creíble de autonomía". Ni hablar, huelga decir, de referéndum de autodeterminación. Una autonomía que el ministro de Exteriores de la época, Moratinos, imaginó en otro papel confidencial como "una solución similar a la que España ha dado a Cataluña".

De ahí, tal vez, que un llamado "comité de sabios" marroquí, órgano presidido por Saadedin al Otmani, ex canciller de Mohamed VI, premiara a Moratinos en Rabat con el título de "gran amigo de Marruecos". Honores que igual recibiría Zapatero, condecorado en persona por el comendador de los creyentes, y por idénticos méritos, en 2016. Lástima, sin embargo, que tantos parabienes magrebíes para los diseñadores de la estrategia africana del PSOE no le salieran gratis a España. Porque, y justo tras trascender el plan de Zapatero para ceder el Sáhara a Marruecos a cambio de buenas palabras, Argelia aprovechó la primera visita de los Reyes de España a Argel en 24 años para comunicar a Madrid que el precio del gas que les compramos iba a aumentar de golpe en un 20%. Porque nada, ¡ay!, es gratis.

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