Maragall

El precio del silencio

José García Domínguez

Lo de Maragall podría haber sido la prueba definitiva de que Marx, David Ricardo y Juan de Mariana llevaban razón con aquello de que todo necio confunde valor y precio. Pues, siendo palmario que las luces del Muy Prescindible no valen nada para los suyos, sin embargo, nos las van a hacer pagar carísimas a los demás. En concreto, cuentan que las doctas consejas de don Pasqual al fabricante de los helicópteros de guerra "Tigre" nos vendrán costando un kilo de los de antes al día. Asunto que plantea algunas cuestiones morales de difícil solución. La primera es la que se deriva de si no nos saldría más barato rendirnos al enemigo que sufragar las cogitaciones bélicas del nieto del poeta. En fin, será cuestión de hacer números.

La segunda tiene que ver con esa rácana avaricia por atesorar saberes arcanos que demuestran los de EADS. Porque si las opiniones de un servidor público en una empresa pública se cotizan a dos millones de euros, lo justo sería que, como mínimo, fuesen televisadas en directo a todo el planeta por Eurovisión; encuadernadas para ser objeto de estudio obligatorio en los colegios; y repartidas los domingos y fiestas de guardar en las puertas de las iglesias; además, claro, de verlas esculpidas con letras doradas en la fachada principal del edificio de la Bolsa de Nueva York. Como muy mínimo, digo.

Por último, la tercera, sin duda la más ardua, apela a esa relación secreta que siempre se da entre la ética, la estética, el pudor y la lógica elemental. Así, cuando un político piensa como un mafioso –"la política no es trigo limpio"-, se puede creer que es un mafioso. Cuando un político habla como un mafioso – "su problema tiene un nombre: tres por ciento"-, se puede creer que es un mafioso. Cuando un político actúa como un mafioso –"es moneda corriente que eso sucedía"- , se puede creer que es un mafioso. Pero cuando un político piensa, habla y actúa como un mafioso, se debe creer que es un mafioso. Y si un mafioso pide dos millones de euros, no se le deben entregar. Jamás.

Ahora ya conocemos el precio justo para que Pasqual Maragall i Mira respete la omertá de Casa Nostra. Como sigue siendo un dels nostres, ni va a cantar en la prensa de Madrit ni, por supuesto, denunciará a los amenazados ante el Juzgado de Guardia. A cambio, señores, qué menos que despertarse cada mañana con un kilito debajo de la almohada. "Les estoy haciendo una oferta que no podrán rechazar", dicen que le oyeron susurrar ayer los que callan hoy.

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