El populista es Macron

José García Domínguez

Emmanuel Macron, el respetable centrista que aspira a seguir presidiendo Francia, un exponente de la defensa de los grandes valores filosóficos y morales de la democracia liberal, esa misma que amenazan a diario los demagogos populistas de nuevo cuño con su constante manipulación de la verdad, acaba de acusar a su oponente, la señora Le Pen, de depender de un tirano extranjero, el presidente ruso Vladimir Putin. Acusación gravísima que el respetado y respetable centrista no consideró necesario demostrar aportando prueba alguna.

"Usted depende desde hace años del poder financiero de Vladimir Putin. En su día, usted contrajo préstamos ante un banco ruso próximo a Putin. Usted no puede defender los intereses de Francia porque usted depende de gentes próximas al poder ruso", clamó ante las cámaras de la televisión el airado defensor de los valores ilustrados de la República. Eso sí, el candidato antipopulista se limitó a mencionar como todo elemento inculpatorio contra la señora Le Pen que ésta había obtenido hace tiempo un préstamo bancario concedido por una entidad financiera cuya sede social resulta estar ubicada dentro del territorio de la Federación Rusa. He ahí la suprema evidencia irrefutable de que la señora Le Pen encarna a una agente secreta al servicio de Putin y de que forma parte de la nómina de personal del Kremlin.

Por lo demás, acusación gratuita, la del reputado y honorable centrista alérgico a las mentiras y patrañas del ruin populismo que nos invade, que la prensa también respetable, empezando por todos los grandes diarios "serios" de París, se ha limitado luego a reproducir, únicamente a reproducir, sin añadir reproche ninguno a su emisor. Ni uno solo. Actitud muy normal, la de los grandes medios de comunicación, ante una situación también muy normal, una en la que el representante de media Francia acusa sin pruebas a la representante de la otra media Francia de ser una traidora a su país, una miserable que se ha vendido por dinero a una potencia enemiga. Bien, pues ni siquiera una breve nota editorial en algún rotativo de mínimo relieve señalando que, tal vez, el respetable centrista incurrió en un pequeño exceso. En fin, no quiero ni imaginar la que se puede armar si, antes del domingo, Macron descubre que a Marine le gusta la ensaladilla rusa.

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