El Carmelo

El pijoaparte, deshauciado

José García Domínguez
Después de su última tarde con Teresa, el Pijoaparte volvió al barrio, al Carmelo, y se metió en uno de esos pisitos de protección oficial que se hundieron el otro día. El pobre Manolo no levantaría cabeza desde que ella lo dejara por uno de aquellos herederos ociosos que jugaban a la revolución desde la barra del Bocaccio. Ahora, es un paleta jubilado con el cuerpo amojamado del reuma. Y en la Generalidad, no saben qué hacer con él ni con los otros mil que han quedado en la calle por lo del túnel. De momento, Maragall lo tiene aparcado en un hotel hasta que se le ocurra algo.
 
Estos días, el viejo Manolo se está topando con caras que no veía desde entonces, cuando se colaba en los guateques de Pedralbes y las progres con doncella lo confundían con un tal Lenin –o Lenín, que nunca supo cómo se pronunciaba eso–. Hasta el President ha ido a verlo para darle unas palmaditas en la espalda: “Tranquilo, Manolo, que vamos a remodelarlo todo y esto va a quedar mejor que los barrios altos que tanto te gustaban de chaval”. Pero Manolo anda con la mosca detrás de la oreja. Como la prensa no cuenta nada, por el barrio vuelven a correr aventis igual que en la posguerra. Se dice que el túnel de maniobras que ha provocado el corrimiento de tierras no aparecía por ningún lado en el proyecto original. Y que si ha habido tanta prisa en sellarlo con dieciséis mil metros cúbicos de hormigón, también podría ser porque “sin el cuerpo del crimen, no hay delito”.
 
En catalán, al cafelito se le dice cafetó. Cuentan que el mejor de todo el Área Metropolitana de Barcelona lo servían en el reservado de un restaurante que cae justo enfrente al monolito del patriota Rafael de Casanovas (ya se sabe que en el Oasis los símbolos son lo más importante). Aunque, ahí, sólo lo sorbían los progresistas. Los de CiU, preferían otro local más discreto para las degustaciones. A Manolo, que es un charnego de ésos que no acaban de integrarse nunca, le han explicado mil veces que Cataluña está contra el café para todos. Pero él, lo único que atina a ver es que los sindicatos, las asociaciones de vecinos, los nunca máis, las oenegés, los no a la guerra, los colegios profesionales, los Aznar asesino, los actores, los anti todo y la famosa sociedad civil no dicen ni mú estos días. Que la única manifa de protesta, hubieron de convocarla unos imberbes del Centro Juvenil del Carmelo. Que el método “austriaco” de perforación de túneles abarata mucho el presupuesto cuando hay que compensar grandes sobrecostos. Y que Gil de Biedma también mentía cuando predijo en un poema que algún día la ciudad sería suya.
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