Ordenadores

El Perón de los Ancares

José García Domínguez

Zapatero, ese Perón de los Ancares, cada día me recuerda más a Espronceda, que, al llegar a Lisboa, arrojó al Tajo los cuatro reales que llevaba en los bolsillos alegando que no quería entrar en tan gran ciudad con tan poco dinero. De perdidos al río, debió barruntar también el presidente antes de plantarse en el Congreso disfrazado de Antonio Garisa en Bienvenido Mister Marshall. Y es que, más que un velatorio sobre el estado ausente de la Nación, el Debate pareció una tómbola de fiesta mayor como con inopinada lucidez acaba de lamentar el nuevo ex ministro de Asuntos Exteriores, Duran Lleida.

Cuando la Transición, a un paisano de Zapatero, el directivo de Prisa y célebre luchador antifranquista Rodolfo Martín Villa, le llamaban El Sastre, porque siempre que abría la boca era para anunciar que iba a tomar medidas. Bien, pues al consorte de Sonsoles empieza a pasarle tal que lo mismo. Compulsivo, no para el hombre de anunciar medidas. Por lo demás, poco importa que con las medidas económicas de Zapatero se constate idéntica contradictio in terminis a la que Pío Baroja creyó identificar en la cabecera de El Pensamiento Navarro, aquel entrañable rotativo carlista de Pamplona.

Importa poco, sobre todo, porque algunas de esas novísimas medidas resulta que ya eran viejas hace un lustro. Aunque de sobras sabe Zapatero que la memoria del pueblo soberano, al igual que la de los peces del mar, dura exactamente tres segundos; ni uno más. No hay peligro alguno, por tanto, de que nadie, y menos que nadie la legión de asesores en nómina del PP, descubra el bonito timo de los ordenadores escolares.

Ése que ya pusiera en práctica durante la campaña de 2004, cuando el PSOE prometió por activa, pasiva y perifrástica en su programa electoral que los escolares de España dispondrían de un PC por cada pupitre. Un ordenador cada dos alumnos, palabra de ZP. Hace cinco años. Cinco. Está en la hemeroteca, que es el sitio, don Mariano, donde se guardan los periódicos antiguos; el mismo, por cierto, donde puede descubrir que, a día de hoy, el promedio es exactamente de una máquina por cada trece escolares. Trece, don Mariano, trece por cada uno.

Ve qué fácil, ya tenemos una réplica demoledora para el Debate del año que viene. 
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