11-M

El Pepiño Campeador

José García Domínguez

Ese terrorista gramático que responde por Pepiño Blanco va camino de desbordar por la izquierda al mismísimo Cid. Pues si el De Vivar ganaba las batallas después de muerto, este de Palas de Rey no le anda a la zaga, y ya dicta sentencias inapelables antes de sacarse primero de Derecho en la UNED. Hay que acetar que el auto "determina con claridad los autores materiales del atentado", ha proclamado el nuevo Cicerón. En consecuencia, asunto resuelto y a otra cosa, mariposa. Porque, además, "el PSOE da por concluido el proceso de investigación". Muy pertinente recordatorio de que, aquí, nadie ha de transgredir el mandato divino: que lo que ZP cierre no lo reabran los hombres.

Acetemos entonces que Pepiño supiese de qué habla, y que un mero auto de procesamiento equivaliera al cierre de una instrucción. Aunque, para ser justos, antes habríamos de concluir que no hay deporte de riesgo en España equiparable al de llamarse Mohamed. Y es que lo único que ha establecido con claridad el juez es que esos ochenta y siete moros que fueron empapelados porque pasaban por allí, nada tenían que ver con el 11-M. De idéntica guisa, tampoco sería de recibo obviar que los pelanas de Lavapiés fueron unos visionarios que se adelantaron a su tiempo –al de Blanco en concreto–. Porque no otros serían los pioneros mundiales en introducir la moda del atentado paritario en la Yihad. De ahí que entre los encausados haya idéntica proporción tanto de cristianos y muslimes, como de confidentes de la policía e integristas del Jabugo bien curado y el Rioja purísimo, de crianza.

Acetado eso, cabrá acetar también que David Copperfield y el Gran Houdini pasarían por utilleros del Teatro Chino de Manolita Chen al lado de Jamal Zougam, el único acusado de colocar las bombas que aún permanece entre rejas. Ya que a la misma hora que dos testigos identificaron a Jamal, ocultando una mochila en un tren, otro par de transeúntes reconoció a Zougam, depositando su bolsa en un convoy distinto. Por lo demás, puesto que ese escrito judicial establece que no se sabe ni quién diseñó la trama, ni quién ordenó ejecutarla, lo suyo sería convertir al corruto de Trashorras en cerebro de la operación. A fin de cuentas, si Al Qaeda confió la logística de su segundo mayor atentado a los yihadistas Emilio Llano Álvarez, Raúl González Peláez, Iván Granados Peña, Javier González Díaz, Sergio A. Sánchez y Antonio Iván Reis el Gitanillo, ¿por qué no iba a recurrir a un guaje esquizofrénico de Avilés para poner la cabeza?

Acetémoslo: la materia gris de Blanco ha resuelto definitivamente el caso. ¡Dios, qué buen vasallo, si oviesse buen Señor!
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