El otro secreto de Artur Mas

José García Domínguez

El Madrid del regate corto, ése que todo lo fía al chalaneo de despacho y las palmaditas en la espalda, anda convencido a estas horas de que ya no va a haber problema catalán porque, al final, Rajoy le soltará cuatro pesetas a Mas. Hay un Madrid con mando en plaza que lleva siglo y medio creyendo que el del catalanismo es asunto que se arregla con cuatro pesetas. Se trata del mismo avestruz administrativo que aún no ha reparado en cierto avatar que causaría el pasmo en cualquier plaza europea. A saber, el presidente de la Generalitat es el único representante político del continente a quien la gente aplaude cuando sale a la calle. El único. He ahí el muy insólito efecto secundario de un soma llamado "derecho a decidir".

Barruntar que el líder nominal de CiU iba a renunciar a eso por cuatro pesetas constituye un insulto a la inteligencia. Se ha dicho ya un millón de veces, pero parece que hay que volver a repetirlo. El catalanismo es como una bicicleta: si quien la conduce dejara de pedalear, máquina y ciclista acabarían rodando por el suelo. Por eso, nunca cesan de subir la apuesta. Jamás. Se pergeñe o no algún apaño asimétrico en La Moncloa con el déficit autonómico, CiU no abandonará la estrategia de la tensión. Entre otras poderosas razones, porque no puede. Para ellos, supone un asunto de vida o muerte política.

Y no hace falta ser Willi Münzenberg a fin de adivinar la fecha prevista para la gran puesta en escena independentista: el 11 de septiembre de 2014. A apenas siete días del referéndum escocés, que se celebrará el 18, y con toda la atención mediática del mundo pendiente del resultado, Mas no va a renunciar a sus cinco minutos de gloria universal. Ningún agitador avezado se resistiría a capitalizar en provecho propio circunstancia tan óptima. Y si en algún empeño han acreditado pericia sobrada los nacionalistas es en el agitprop. De hecho, es lo único que saben hacer. Así las cosas, con apaño o sin apaño, la autodeterminación de Escocia servirá de escudo propagandístico a un plebiscito secesionista en Cataluña. ¿El ropaje legal? Un adelanto – otro – de las elecciones con la independencia como punto programático único. Al tiempo.

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