El 'no' de Europa a la Esquerra

José García Domínguez

Terricabras, que por tal responde ese eurodiputado de la Esquerra que se dice filósofo, quizá ha leído a Francesc Pujols, pero a Wittgenstein seguro que no. Y es que cualquiera que haya frecuentado al autor del Tractatus conoce su máxima más célebre, la que postula que de lo que no se puede hablar, más vale no decir nada. Aunque tampoco hacía falta ser perito en el Círculo de Viena para recordar que en boca cerrada no entran moscas. Que Terricabras no es precisamente Sócrates lo viene a acreditar la primera ocurrencia que ha tenido el hombre apenas estrenado el escaño en Bruselas. Pues no se la ha ocurrido nada mejor para pasar el rato que interpelar al mismísimo Jean-Claude Juncker a cuenta de la cansina matraca del país petit.

Ansiaba saber nuestro eurobisoño Terricabras "cómo reaccionarían las instituciones comunitarias a un sí en el referéndum de Escocia y en una hipotética consulta en Cataluña". Terricabras, que no debió de ir a la mili por excedente de cupo, aún no sabe que lo peor que puede ocurrir con ciertas preguntas al mando es que las responda. Y tal que así le ha contestado el mando: "Nadie se convierte en miembro de la Unión Europea con el envío de una carta". No muy velada alusión a la carta a los Reyes Magos que Artur Mas remitió en su día a todos los líderes europeos para explicarles el cuento de la lechera soberanista. Ocurre que la fantasía más cara a los secesionistas, la quimera de que podrían romper España de gratis, esto es permaneciendo como miembros de pleno derecho en la Unión Europea, se sostenía sobre un clavo ardiendo, a saber, que no existe un pronunciamiento oficial de Europa sobre tal eventualidad.

Y tienen razón en eso de que no hay uno. Porque ya son tres si incluimos la última respuesta de Juncker. Así las cosas, el primero se remonta a 1962, cuando una región de Francia denominada Argelia optó por la independencia. Naturalmente, no pasó un cuarto de hora antes de que se viera expulsada del entonces Mercado Común. El segundo ocurrió en 2004, a raíz de otra pregunta parlamentaria de una eurodiputada curiosa, la galesa Eluned Morgan. Al modo de Terricabras, inquirió Morgan: "Si un Estado miembro se dividiera, por haber alcanzado una región la independencia democráticamente, ¿sería de aplicación el precedente sentado por Argelia?". La contestación de Romano Prodi, el entonces presidente, resultó aún más lacónica que la de Juncker. "Sí", le espetó. Más claro, agua.

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