El modelo de Puigdemont es Marinaleda

José García Domínguez

Para disimular ante su clientela más cegata que siguen siendo lo que en ningún momento han dejado de ser, una simple región autónoma de España, exactamente igual que Murcia, su siempre denostada Murcia, van a acabar convirtiéndose en la Marinaleda del Mediterráneo, esa Icaria jornalera del mesías rural Gordillo. En la municipalidad de Marinaleda, como no podría ser de otro modo, rige a todos los efectos la Ley de Régimen Local. Algo, la plena vigencia del orden legal burgués dentro de las lindes de su pueblo, que el alcalde Gordillo lleva más de un cuarto de siglo tratando de ocultar, y con cierto éxito, por la vía de mantener una estructura paralela con apariencia asamblearia. Vistosa escenografía cantonal e insurgente que no impide, sin embargo, el acatamiento efectivo de la normativa jurídica imperante. Y eso del Consell per la República, postrer conejo que ha encontrado Puigdemont tras mucho revolver dentro de su chistera, aspira a ser, como ya se ha dicho, lo mismo pero con Lluís Llach en el papel del rudo Diego Cañamero.

Se trata de hacer ver ante la afición que existe de verdad un Gobierno de Cataluña en el exilio, el legítimo. Gobierno heroico, mártir e injustamente expatriado que, por arte de birlibirloque, ejercería la totalidad del poder institucional emanado de la Constitución española en las cuatro provincias, al modo de la folclórica comuna comunista y meridional del otro iluminado de aldea. En su caso, apelando a la soberanía de tal ente fantasmal, el mentado Consell per la República. La idea, por lo demás, es tan simple como genial: puesto que ha ganado las elecciones la Esquerra, vamos a transferir todo el poder de la Generalitat a Puigdemont allá donde se encuentre. Aunque quizá se le ha ido la mano un poco al Payés Errante en su particular valoración del cociente intelectual de Pere Aragonès. Al final, como siempre en el último segundo del último minuto, se pondrán de acuerdo porque los dos, tanto la Esquerra como la partida del Payés, saben del mucho frío que siempre hace en la calle. Pero no tardarán mucho en volver a lanzarse los jarrones chinos a la cabeza. Antes de dos años, otra vez a votar.

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